CUANDO LA PAMPA ARGENTINA ERA ESPAÑOLA(1)

La fundación del Cuerpo de Blandengues

Dr. Juan José Fernández-Tallone

Junín (ex fuerte de la Federación), enero de 2001

Provincia de Buenos Aires, República Argentina

La Pampa Húmeda Argentina mide 600 kms. de este a oeste y 1.000 kms. de sur a norte. Es, junto al Medio Oeste de EEUU, la llanura fértil más grande del planeta. Merced a su dominio, Argentina edificó una producción agrícola y ganadera que fue la base de su desarrollo como nación, y sigue siendo un sólido fundamento de su economía. En la superficie indicada existen más de 300 ciudades y pueblos. Sobre la misma se dispersó un torrente de inmigrantes españoles e italianos y de otras naciones... Pero este es el final – por ahora - de una historia que comenzó mucho antes de la creación del Estado Argentino.

Pedro de Mendoza funda Santa María del Buen Ayre en 1.536. La expedición trajo caballos y vacunos. En 1.541 la fundación es abandonada y los españoles remontan el Río Paraná, toman el Río Paraguay y se instalan en Lambaré. Sobre este poblado guaraní fundan Asunción del Paraguay. En la llanura pampeana quedaron caballos y vacunos. Se multiplican de manera notable. Las condiciones naturales eran las mejores. Pastos y aguas en abundancia todo el año, suelo blando y llano, temperaturas no extremas y ausencia total de depredadores animales o humanos.

En 1.580 el vizcaíno Juan de Garay, que llega al Plata desde el Perú, propone fundar Santa Fé de la Vera Cruz y refundar Buenos Aires. Promete a los que integren la hueste que podrán apoderarse de todo el ganado equino y vacuno que puedan tomar. Ya se sabía, por correrías anteriores, de la mentada multiplicación de los ganados. La bandera de enganche obtuvo pleno éxito. Apoderarse de esa riqueza mostrenca era un incentivo grande. La respuesta fue consecuente. La expedición se integró con 80 hombres, y sus hembras, desde luego.

En poco tiempo se organizó la explotación de la riqueza ganadera, otorgándose permisos de “vaquerías”, que bien podrían llamarse “cacerías”, ya que de eso se trataba. Cada permiso era a matar 10.000 animales. Salía una cuadrilla a buscar los rebaños. Los corrían desjarretándolos con una cuchilla curva atada a la punta de una caña tacuara. Los animales, cortado el tendón, quedaban en tierra y los cazadores iban inmediatamente por otro y así sucesivamente. Les “bajaban la caña”.

Desde el siglo XVI viene ese dicho, que figuradamente quiere decir aplicar un duro castigo. Los jinetes volvían sobre los animales volteados, los degollaban y finalmente los cuereaban.

Para 1.620 se otorgan las primeras “suertes de estancias”, autorizándose instalaciones fijas para criar la hacienda vacuna. Se registran las primeras marcas de hacienda, modo de individualizar el ganado traído de España y manera de distinguir la propiedad de ellos como de una u otra “estancia”. Entre éstas no había límites artificiales y la división natural – solo arroyos, cañadas o pequeñas lagunas - no eran suficiente para impedir que los rebaños se mezclen. Las aguadas de tránsito eran de uso común y el trasporte del ganado en pié tenía libre paso. Igual que la mesta, solo que al no existir agricultura no había perjudicados.

El beneficio principal que se obtenía del ganado eran los cueros, de múltiples usos, que eran cargados en el Puerto de Buenos Aires por navíos holandeses. Este comercio estaba expresamente prohibido. Pero el contrabando formó parte del uso y costumbre del Río de la Plata desde 1.600 hasta la instalación del Virreynato en 1.776. Este delito era consentido por todos, incluidos los funcionarios, que, corrientemente, participaban del negocio sin mayor rubor.

Los grandes rumiantes traídos por los españoles no encontraron competidores en la Pampa. Los animales americanos de mayor alzada eran el guanaco y el venado. Vacas y caballos cambiaron la fitogeografía de la llanura pampeana. Cuando llegan los españoles la Pampa no tenía tapiz herbáceo bajo porque éste era ahogado por el pajonal alto de ciclo bianual. Pero los grandes rumiantes se comían el brote alto del pajonal con lo que interrumpían el ciclo y descubrían el tapiz herbáceo, el que también se comían y luego de rumiarlo lo defecaban en las cantidades que son de imaginar dejando junto a su bozta las semillas del pasto bajo, que se conservaban dentro del mejor medio ambiente posible, el estiércol animal. Así, escatológicamente, la pampa se convirtió en una llanura de tapiz herbáceo. A su vez esta conversión favorecía el desarrollo del ganado, lo que seguía haciendo mejorar la Pampa y así sucesivamente. Bueno es señalar que se trató de unos veinte millones de cabezas de ganado criados a campo abierto, que el proceso comenzó en 1.536 y termina con la ocupación total de la Pampa (entre cristianos e indios) allá por el 1.820.

Así se fue organizando la vida económica en la banda occidental del Río de La Plata. Pero...

En la Pampa Húmeda no había población autóctona antes de la llegada de los españoles. Solo existían unos grupos mínimos en la Sierra de la Ventana, al sur de la actual Provincia de Buenos Aires. Prueba de ello es la falta absoluta de yacimientos arqueológicos que se remonten a períodos pre-hispanos. Algunos historiadores sostienen que esta ausencia podría deberse a que por la naturaleza del terreno – plano, muy herbáceo y blando - los yacimientos están pero no han sido aún descubiertos. Parece difícil que sea así porque la Pampa Húmeda ya tiene cien años de implantación de granos y pasturas artificiales y los arados hasta ahora no han encontrado nada. Otro argumento a favor de esta despoblación originaria sería que los dos animales pampeanos útiles – los mentados guanaco y venado - no son trashumantes y se quedaban en el lugar de su territorio. Este territorio tenía que estar libre de la insoportable “sabandija” – multitud de insectos varios - a la que escapaban guanacos y venados. La única zona de esas características eran los faldeos de la sierra de la Ventana y Sierra de Tandil, en el sur bonaerense. Por ello allí abundaban esos animales y allí se encontraron restos arqueológicos anteriores a la llegada de los españoles.

Cuando se multiplican los grandes rumiantes traídos por los españoles, a poco tiempo de ello ocurre un fenómeno migratorio desde allende la Cordillera de Los Andes. En efecto, allí habitaba una etnia amerindia numerosa y con un nivel de civilización muy superior a los escasísimos aborígenes pampeanos. Así lo cuenta Bernardo Canals Frau en su libro LAS POBLACIONES INDÍGENAS EN ARGENTINA. Dice: “Los araucanos representan el último de los elementos indígenas establecidos en el país. Proceden de Chile y su inmigración es relativamente reciente. Hasta se puede decir que todavía perdura en la actualidad. Pues la infiltración comenzada dos siglos y medio atrás sigue produciéndose a lo largo de la frontera de la Patagonia. Esa inmigración de elementos araucanos ha dado lugar a un interesante proceso de cambio y sustitución étnica en nuestras grandes llanuras, que aún no ha sido bien estudiado. Muchos autores, que desconocían las modalidades del proceso operado, tendían a creer que la población araucana había estado siempre allí y buscaban sus rastros hasta en el Repartimiento de Indios que hizo Juan de Garay en 1.582, poco después de refundar Buenos Aires. Y, como es natural, el intento fallaba ... Hoy disponemos de una serie de datos que nos permiten seguir casi paso a paso el interesante proceso de cómo un pueblo, por infiltraciones constantes y sucesivas, y tal vez sin habérselo propuesto, se va extendiendo poco a poco hasta llegar a ocupar territorios que se encuentran a más de 1.000 kms. de su hábitat primitivo. Tampoco está de más dejar sentado que esta sustitución se realizó en gran parte sin mayores violencias ni desplazamientos de la población anterior ... Pues el reemplazo étnico, cuando lo hubo, estuvo acompañado de un proceso de adaptación y fusión por el cual una población que antes tenía una cultura de tipo andino (los araucanos) se transformó bajo las nuevas influencias ambientales, en un pueblo que vivía de la ganadería, de la recolección y del pillaje... Fue desde el sur de Chile que se produjo la araucanización de parte de la Argentina. Los primeros indios no araucanos que sufrieron la influencia de los de Chile fueron nuestros montañeses, especialmente los pehuenches. Los mapuches precisaban caballos para sostener su guerra con los españoles de Chile y las llanuras argentinas estaban densamente pobladas de ganado caballar. Los indios “pampas” daban caballos y los araucanos entregaban mantas tejidas y otros productos de su cultura superior... Suele suceder que cuando las relaciones entre dos pueblos son demasiado íntimas, se producen aculturaciones y amalgamas que pueden llevar a la desaparición de uno de ellos. Y esto fue lo que sucedió... La expansión araucana se extendió hacia el este en dirección a la Pampa. Ya en la segunda mitad del siglo XVII se perciben influencias araucanas entre los pampas, pero las relaciones seguían a distancia. Hacia 1.710 ya se ve la presencia personal de los araucanos en la pampa y se puede seguir su acción. El primer dato es del año 1.708. En esa fecha hubo una concentración de indios cerca de Villa Mercedes, sobre el Río Quinto. Y según consta de las declaraciones que recogen los funcionarios españoles, unos caciques pehuenches convocan a la junta celebrada a indios aucas (araucanos) que venían de la guerra de Chile. Un año después la penetración de los indios foráneos ha llegado a la Pampa oriental. En acta del Cabildo de Buenos Aires del 23 de diciembre de 1.709 se dice que en el curso de la expedición anual a las Salinas Grandes, los vecinos participantes se habían encontrado con indios que arreaban grandes cantidades de ganado hacia Chile... En la sesión del mismo Cabildo del día 10 de febrero de 1.710 el Procurador expresa: “que en las campañas de Buenos Aires había muchos indios araucanos que de la otra parte de la Cordillera de Chile han pasado a ésta con el fin de robar y destruir dichas campañas”. Esta es la fecha en que comienzan actuar los araucanos en las pampas. En 1.714 dice el Cabildo de Buenos Aires que: “De algunos años a esta parte se continúan los insultos y maldades que en el hasta entonces pacífico distrito de Buenos Aires estaban cometiendo los indios aucas de la jurisdicción del Reyno de Chile”. Luego, en 1.715 se insiste en el mismo cuerpo sobre: “Las muchas y variadas hostilidades de robos, muertes e insultos que habían ejecutado en los vecinos de esta ciudad y de las comarcanas los indios aucas desde hace más de tres años”. Efectivamente fue a partir de 1.710 que comienza la araucanización de la llanura central argentina... La sustitución no fue cosa de un día. A mediados del siglo XVIII todavía los indios pampas hablan su propia lengua, pero la lengua araucana ya era – según el testimonio del Padre Falkner - “la lengua más pulida y la que con más generalidad se extendía en estas regiones”. Para fines del siglo XVIII ya todo es araucano en la Pampa. Desde comienzos de su infiltración los araucanos se fueron constituyendo en grupos diversos, que a veces eran rivales. Cuando dominaron todo el territorio los grupos se consolidaron. Nunca llegaron a constituir estados, pues su sociedad carecía de estratificación, pero sí hubo dinastías de jefes que perduraron en varios lugares. Los ranqueles al norte con centro en Leuvucó (Ingeniero Luiggi). Al sur estaban, con centro en las Salinas Grandes y con pretensiones de dominar toda la Pampa Húmeda, otros araucanos que alcanzaron su mayor poderío bajo la dinastía de los Curá Piedra.

Si los españoles son inmigrantes en la Pampa Húmeda, los indios que les disputaron esta posesión también lo eran, pero llegaron después. La inmigración trasandina descrita tenía por objeto robar una riqueza implantada por los españoles: los grandes rumiantes.

Vale una disgresión. Se suele hacer paralelo entre la conquista y ocupación de las pampas argentinas con la conquista y ocupación que hizo Estados Unidos de Norteamérica de las planicies de su Oeste. Pero hay algunas diferencias sustanciales. Los aborígenes norteamericanos habían obtenido el caballo por consecuencia de la dispersión de los caballos mesteños que habían traído los españoles a Méjico. En efecto, el folklórico mustang no es más que el descendiente dispersado y multiplicado de las jacas españolas. Otra diferencia es que los aborígenes norteamericanos eran los efectivos ocupantes desde tiempos prehistóricos del suelo que les disputaron. Y la última es que el medio de vida de los mismos era el bisonte o búfalo, riqueza pecuaria natural que estaba en el Oeste norteamericano desde tiempos prehistóricos. Aquí, por el contrario, los caballos los trajeron los españoles, los vacunos los trajeron los españoles y los aborígenes se vinieron desde el sur de Chile a buscar esa riqueza. Ni el caballo, ni la vaca ni el suelo era de ellos. Es posible que haya regiones americanas en que el indígena fue despojado, pero no es este el caso de la Pampa argentina.

De 1.710 a 1.810 se sucede el robo de ganado, que en gran medida pasa a Chile por los pasos cordilleranos del Neuquén ¿Qué se hacía allí con ellos? Una cantidad importante se negociaba a comerciantes españoles que luego exportaban los cueros. ¿Cómo era esto posible? La permanente enemistad entre las administraciones españolas de distinta jurisdicción lo explican. Abona ello el hecho de que Chile era Capitanía General y la Gobernación de Buenos Aires apenas un extremo sin importancia del vasto Virreynato del Perú.

Pero la administración colonial española del Siglo XVIII no era tan mala e ineficaz como se suele leer, o por lo menos no lo era en el Río de La Plata.

En 1.752 el Gobernador José de Andonaegui, con el previo voto del Cabildo dispone la creación de un cuerpo militar para proteger a los pueblos y estancias de la campaña y ejercer de policía rural. Se lo denomina Cuerpo de Blandengues. Lo integran con veteranos de las tropas regulares de asiento fijo en el Río de la Plata y tropa criolla reclutada en las campañas. Comienza con tres compañías de 54 hombres cada una. Se las denomina La Conquistadora, La Valerosa y La Invencible. Tienen asiento en Chascomús, Guardia del Luján (hoy Mercedes) y Guardia del Salto. Se les provee de una carabina tercerola de caballería de 16,5 a 18 mm., espada y dos pistolas, y como arma alterna y para según la circunstancia, lanza. Sombrero de tres picos y botas altas. Se los mantuvo con el producto de un impuesto nuevo: 2 reales por cada cuero exportado a España – por lógica no podía decir: “de los cueros contrabandeados también”, aunque era efectivamente así -. El cuerpo demostró eficacia desde el primer momento y las estancias tuvieron mayor seguridad. Los malones indios se encontraron con una fuerza que los combatía expresamente y no con meros paisanos armados y eventualmente eficaces en la pelea. Enterada la Corona de la creación del Cuerpo de Blandengues lo desautoriza por decisión expresa de Fernando VI. Pero la real orden no puede cumplirse porque la población hubiera quedado en total desamparo. Luego, coronado Carlos III la prohibición fue olvidada y los funcionarios españoles mejoraron y ampliaron el cuerpo, que fue puesto bajo la dirección general del Maestre de Campo Martín Pinazo.

Contemporáneo al problema indio, y durante todo el Siglo XVIII, hay permanente conflicto con Portugal por la penetración de la Corona lusitana hacia el sur desde sus colonias de Río de Janeiro y San Pablo. Bueno es recordar que el Río de la Plata era apenas un pequeño rincón del Imperio Español mientras que Brasil era la gema de la Corona portuguesa. Lo que queda luego ratificado cuando la Corte lusitana se radica en Río de Janeiro al abandonar Lisboa por el avance de los ejércitos napoleónicos.

La presión portuguesa se ejerce en distintos ámbitos. Por una parte las “bandeiras” invaden y depredan las Misiones jesuíticas. Es digna de mención la notable batalla de Mbororé. Las tropas misioneras, dirigidas por jesuitas cuyo pasado militar de carrera era ocultado por la Orden aunque igualmente conocido, llegaron, luego de sufrir por décadas los embates de los bandeirantes, a un notable grado de armamento y organización, y en las prolijísimas Cartas Annuas que redactaban, se describe la referida batalla, en la que los misioneros contaban aproximadamente 4.000 soldados divididos en las tres armas tradicionales, resolviendo el conflicto con pericia táctica y estratégica. Otro orden de presión portuguesa fue la penetración hacia la Banda Oriental, al sur de los ríos Quareim y Yaguarón a la búsqueda de los ganados que pacían en las llanuras orientales, desconociendo los límites, imprecisos por cierto, que estaban fijados en el papel en la latitud de la Isla de Santa Catarina. Esta penetración la hacían fazendeiros con peones gaúchos y el apoyo de las autoridades portuguesas. El tercer ámbito de penetración fue la permanente vocación portuguesa por instalarse en el propio Río de la Plata. Ya en el siglo XVII fundan la Colonia del Sacramento, exactamente frente a Buenos Aires y con la inocultable intención de disputar el dominio del estuario del Río de la Plata a los españoles. La Colonia fue fundada, expulsada y refundada en varias oportunidades.

Al fallecer Fernando VI termina el idilio entre las casas reales de los reinos ibéricos. El mismo, motivado por la impronta de Doña Bárbara de Braganza, impidió advertir que los intereses objetivos de cada reyno eran opuestos en el Río de La Plata. Pero ya corrido el ilusorio velo, Carlos III toma conciencia de la necesidad de poner manos fuertes en la cuestión y actúa con energía.

Ordena a Pedro de Cevallos, Gobernador de Buenos Aires, resolver la cuestión con argumentos bélicos. 10 años duró el mandato del mencionado, que es reemplazado por Francisco de Paula Bucarelli. Luego se designa a Juan José Vértiz gobernador. Portugal, eterna aliada de Inglaterra, sigue con sus tentativas expansivas en el Río de La Plata. Carlos III dispone erigir a Buenos Aires en sede del Virreynato del Río de La Plata en 1.776. Nombra como primer Virrey a Pedro de Cevallos, que vuelve a Buenos Aires con su cargo y una armada de 17 navíos y 9.500 soldados embarcados en 107 transportes. Derrota totalmente a portugueses e ingleses, queda dos años en su cargo y, a su pedido, regresa a España. En su reemplazo se designa a Vértiz en el cargo de Virrey, que lo desempeña por más de siete años.

El problema lusitano absorbió los mejores esfuerzos de las autoridades coloniales, pero ello no obstó a que se ocupen asimismo de las pampas y los indios que la asaltaban.

Estos funcionarios de la Corona, amplios conocedores de la región en todos sus aspectos, tuvieron, respecto al problema indio ideas diferentes. Veamos que dice Cevallos exponiendo sobre el tema: “Yo medito que se haga una entrada general en la vasta extensión a donde se retiran y tienen su madriguera estos bárbaros, favorecidos por la gran distancia y la ligereza y abundante provisión de caballos de que están provistos. Convocaré para después de la cosecha a las gentes de Córdoba, de Mendoza, de San Luis de la Punta y de la jurisdicción de esta ciudad. Estoy haciendo un pequeño mapa donde se describirán los rumbos por donde debe conducirse cada uno de los cuerpos de gente, el tiempo con que, consideradas las distancias, desde sus respectivos distritos y el punto de reunión a donde hayan de dirigirse. Avisaré igualmente al Presidente (de la Capitanía General) de Chile por si le pareciese salir también con su gente, por ser esencialmente interesado en esta operación, la cual hago juicio se podrá efectuar a principios de febrero, que estarán desocupadas las gentes y me persuado que en el espacio de tres meses puede haber tiempo suficiente para concluir la diligencia y que todos vuelvan a sus casas antes que entre el invierno”.

Vértiz, a su turno, tiene otro enfoque de la cuestión: “Mi antecesor – Cevallos - proyectó y se figuró que para batir los indios bárbaros enemigos, bastaba que se hiciese una entrada general, que propuso y pintó muy fácil a la Corte, y no obstante de que recibió la aprobación en tiempo oportuno, se ignora la causa de su dilación y que, dilatándola, se contentase con dejármela encargada, sin adelantar la menor providencia para su verificación ... Mandé poner en cada fuerte una compañía de dotación compuesta de un capitán , un teniente, un alférez, un capellán, cuatro sargentos, ocho cabos, dos baquianos, un tambor, ochenta y cinco plazas de blandengues, un total de 100 plazas, con uniforme propio para la fatiga del campo, armados con carabina, dos pistolas y espada, con lo que ejercitados en el fuego, así a pié como a caballo al paso, al trote o al galope, con subordinación, policía y gobierno interior, a cargo de un comandante subinspector de toda la frontera, con dos ayudantes mayores colocados a la derecha, izquierda y centro de la línea, con una dilatada instrucción y debidas órdenes particulares SE HA LOGRADO PONER ESTE CUERPO EN ESTADO RESPETABLE, PARA ALGO MAS QUE INDIOS...”.

Cevallos quería una guerra ofensiva. Llevar los ataques españoles hasta las mismas tolderías, nudo raíz del poder indio y obtener su sometimiento. Vértiz no comparte la idea de la guerra ofensiva. Propone, la Junta de Guerra la aprueba y lleva a cabo, una política de defensa. Fija una frontera en la línea del Río Salado y establece inmediatamente al norte de la misma una serie de fuertes y fortines. Algunos en parajes ya ocupados por incipientes pueblos y otros en descampado. De Noroeste a Sudeste los fuertes son Rojas, Salto, Guardia del Luján (hoy Mercedes), San Miguel del Monte, Ranchos (hoy General Belgrano) y Chascomús. Los fortines, en el mismo rumbo, son: Melincué, Mercedes (hoy Colón), Guardia de Areco (hoy San Antonio de Areco), Navarro y Lobos.

Los fuertes y fortines se construyen. Estaban protegidos por un foso de dos metros de hondo por dos de ancho. Portón levadizo de madera en troncos, terraplén de adobe y tierra inclinados para evitar que se desmoronen, coronados con cerco de palos a pique. En el medio un magrullo de postes de 8 a 10 metros de alto para el centinela. Dentro del recinto los ranchos, lugar para caballadas y pozo para provista de agua. Fuera del recinto los ranchos de los pobladores, ya establecidos de antes o nuevos.

El esfuerzo de las autoridades coloniales fue inmenso. Se gastaron 200.000 pesos fuertes. Hubo, además, numerosas contribuciones no contabilizadas en metálico y en especie de los estancieros. En la Pampa no había madera ni piedras. Todo debía ser llevado en carretas desde la costa del Paraná-Plata. La distancia a cubrir era inmensa. Desde Melincué hasta la desembocadura del Río Salado hay 450 kms. De Pampa abierta... ¿qué defensa era esa?

La hipótesis de defensa de Vértiz era que el malón indio no podía ser detectado – salvo delaciones, que las había - ni atajado cuando entraban en el territorio de las estancias. Pero cuando se retiraban con el ganado robado la velocidad de marcha se reducía a 30 kms. por día y a ese ritmo se los podía alcanzar antes que ganen el Desierto, esto es, cuando pasaban el Río Salado hacia el sudoeste. El malón operaba sobre varias estancias y los avisos de los sufrientes permitían reunir las tropas de Blandengues y las milicias que se le sumaban. La línea de fronteras, ya avisada, se movilizaba hacia los lugares por los cuales se suponía que el malón trataría de cruzar el Salado. Los malones eran en verano y en esa época del año el río no tenía muchos pasos apropiados para grandes cantidades de ganado – chúcaros y astados, muy distintos a los dóciles vacunos de hoy día -. En esos pasos buscaban al malón y allí lo peleaban.

Esto ocurrió con singular éxito cada vez que el malón se venía, lo que ocurría dos o tres veces al año. Se recuperaba parte importante de la hacienda y algunos cautivos – mujeres y niños, a los hombres los mataban -. La frontera fue inevitablemente descuidada cuando ocurren las Invasiones Inglesas (1.806 a 1.809).

Como ejercicio intelectual cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si se hubiera seguido la política de guerra ofensiva propuesta por Cevallos. Seguramente hubiera sido eficaz y la Pampa se hubiera pacificado un siglo antes de lo que la fue. Pero, ¿era posible practicarla? ¿con qué gente se hubiera poblado siquiera medianamente un territorio de 1.000.000 de kms.²? Con inmigrantes españoles, se podría contestar. Pero ¿de dónde los hubiera sacado la poco poblada España de la época? De otras posesiones españolas de Europa, fácilmente se argumentaría. Pero esto no estaba en la mentalidad de la época, ideas que se remontan – quizá - a cuando Carlos I y Felipe II resolvieron que el papel histórico de España estaba en Europa y no en América.

Luego de 1.810 hay diez años de guerras independistas, luego, hasta 1.862 permanentes o intermitentes guerras civiles y por último la Guerra de la Triple Alianza con el Paraguay de Francisco Solano López, y en todo ese tiempo debió postergarse la guerra ofensiva contra el indio que propuso Cevallos, siguiéndose con la doctrina militar de Vértiz. Por fin, en 1.878 el Ministro de Guerra Julio Argentino Roca, retoma las ideas de Cevallos y propone una guerra ofensiva, “llevarles malones a las tolderías”, la resume. Las cosas fueron rápidamente bien. Aunque es bueno recordar que los soldados tenían, ahora, el Remington a repetición.

El Plan de Vértiz no era malo de momento que fue el modo de sostener la frontera durante un siglo. El Plan de Cevallos tampoco era malo de momento que fue la doctrina militar que permitió a Roca dominar y pacificar definitivamente la Pampa.

El viejo Cuerpo de Blandengues de la Frontera permitió hacer armas y sólido prestigio a José Artigas, Estanislao López y a otros hombres prominentes de la vida independista. El último jefe español fue Antonio Olavarría, padre de José Olavarría, general laureado de las guerras sanmartinianas. Sostuvieron la frontera desde 1.752 a 1.810. Desde el 29 de mayo de 1.810, el Cuerpo de Blandengues se refundió dentro de la nueva organización militar argentina. Las tropas que guardaron la frontera desde esa fecha se llamaron Caballería de la Patria.

La historia de la Pampa seguirá mientras duren los tiempos. El Cuerpo de Blandengues de la Frontera perdura en la memoria del folklore argentino. A ellos les correspondió la ejecución de las políticas virreynales respecto al indio. Esta breve exposición sobre la Pampa, los indios, los portugueses, los funcionarios virreynales y el Cuerpo de Blandengues puede ser útil para que lectores de la Historia de España se reconcilien, un poco al menos, con las administraciones coloniales, que no eran tan malas, como de ellas se dice, por lo menos por aquí, en la Pampa argentina.

Dibujo de Jorge R. Moreno, para “Reseña Histórica y Orgánica del Ejército Argentino. Uniformes de la Patria”, editado por el Comando en Jefe del Ejército, Buenos Aires, 1972.

Notas:

1.- Publicado en el Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, Tomo LXXVII, Castellón, Enero-Diciembre 2001, pp. 403-413.