Leonardo Mahiques Bixquert. Extracto de mis memorias desde julio de 1936.

Estas memorias se hacen reproducidas a causa de haber perdido las primitivas en el naufragio del transporte “Castillo Olite” en aguas de Cartagena en 7 de Marzo de 1939; las cuales estaban escritas día por día, en los momentos de descanso, después del trabajo o de los combates y demás actividades bélicas.

Alférez – O.C. de 01-03-37 (D.O. nº 57)

Teniente – O-C. de 15-01-38 (D.O. nº 453)

En 1º de Julio de 1936 me encontraba en Madrid en expectación de destino como Agente de Investigación y Vigilancia, cuya plaza gané en oposiciones que habían terminado en febrero anterior, y marché a Tetuán (Marruecos) ese mismo día con el fin de pasar unos días con mi hermano Facundo que se encontraba allí destinado en el Cuartel General. Llegué a la capital marroquí el día 5 después de vencer los obstáculos que para la entrada en la zona me oponían en la frontera de Castillejos. Una vez allí me pasé los días como un turista yendo a visitar los lugares típicos árabes, hasta que, llegado el 18 de Julio muy temprano, los cornetines del Grupo de Regulares me despertaron, saliendo a la calle y enterándome que las fuerzas del Ejercito estaban sublevadas contra el estado de cosas que imperaba con el Gobierno de la República, explicado muy bien con un vibrante Bando que firmaba el General Franco.

Inmediatamente me presenté a las nuevas Autoridades en la Dirección de Seguridad General de la Zona.

Me armé. Me puse al habla con unos cuantos patriotas (de la Quadra, Murga, Orbea, Atalaya, Ramos) y empezamos a la organización de Falange Española que a los pocos días era un numeroso grupo de valiosos elementos que prestaba importantísimos servicios de depuración social (detención de dirigentes políticos y sindicales, comunistas, masones, etc.); así como prestación de servicios con armas en centros y carreteras y control de todas las órdenes; organización de F.E. en Xauen y otras ciudades del protectorado con el mayor entusiasmo de la población mora.

A los pocos días de iniciado el Alzamiento, el 3 de Agosto, el Director del Hospital Militar sospechaba que hubiese en dicho establecimiento una célula comunista entre los enfermeros y empleados y al fin de su descubrimiento propuso que ingresase yo como enfermo, haciéndolo así ese día 3, sin que nadie supiese mi misión más que el propio Director Comandante Médico Sr. Pallarés y el Capitán Médico Sr. Gómez Durán. A los pocos cías confesé la misión que me llevó allí a la Superiora de las hermanas monjas para que facilitase mi trabajo, mandándome con recados a otras salas y no hacerme así sospechoso.

El resultado fue el descubrimiento de varios furibundos enemigos, de los que unos fueron fusilados y otros expulsados de sus empleos.

En el mes de Septiembre fui destinado como Jefe de Falange al mando del Destacamento fronterizo con Tánger del Borch. Aquí tenía de subjefe a un buen amigo, Joaquín Tamarit Sanz-Cruzado. La misión era ejercer el control de aquel paso, impedir que saliesen elementos perseguidos y evitar y hacer frente a posibles fuerzas rojas que, procedentes de Tánger, intentasen entrar en la zona española.

Los días se deslizaban tranquilos, pero con bastante trabajo que se cumplía con entusiasmo y disciplina, sujeta a un Reglamento que redacté para el Destacamento.

En los últimos días de este mes de Septiembre salió para España la Bandera de Falange Marroquí con la que quise también marchar pero no me dejaron alegando que en el Borch hacía falta mi servicio.

Los moros notables de los poblados limítrofes me invitaban a tomar el té en sus casas, lo cual hacía muchas veces con gran gusto, obsequiado además con miel y la típica torta árabe. Muchas veces salía a cazar volviendo con quince o veinte perdices, pues había muchas. A esto me acompañaba casi siempre el cocinero Pedro Pinacho un muchacho de mi edad que le di protección cuando perseguido de los rojos escapo a Tánger.

Todos los domingos teníamos misa que nos decía un padre Franciscano de la ciudad internacional. Para este acto religioso venían muchas señoritas y chicos de Tánger, en coches, expansionándose en sus sentimientos falangistas y nacionales, con gran fiesta y alegría, pues traían escondidas sus camisas azules y en llegando se las ponían, para volvérselas a esconder cuando marchaban. Se solían quedar a comer diez o quince todos los domingos, que se hacían unas buenas paellas de arroz, generalmente con perdices.

En el mes de Diciembre pedí el relevo de todo el Destacamento, regresando a Tetuán, donde seguí prestando los servicios de mi empleo.

En Febrero de 1937 hice el curso para Alférez Provisional en la Academia Militar de Xauen, siendo promovido a este empleo en 2 de Marzo y destinado, por petición propia, al 9º Tabor de Regulares de Tetuán nº 1. En Tetuán organizando e instruyendo el Tabor hasta el día 1º de Junio que embarcamos en Ceuta para la Península toda la División Marroquí nº 150, llegando a Cáceres el día 4. Por la noche salí con Tabor en marcha a pie (18 Km) hasta Torrequemada donde permanecimos cuatro días y salimos en camiones para Almoharín. Aquí estuvimos de reserva del Sector hasta el 7 de Julio en que, debido a una gran ofensiva que habían desarrollado los rojos por todo un gran sector de Brunete embarcamos toda la División (que se encontraba en reserva), y convoy de camiones, llegando por la noche a Navalcarnero; de aquí, no sabiendo a ciencia cierta la situación de las fuerzas propias ni las enemigas, salimos en dirección a Chapinería, y luego a Colmenar de Arroyo; el 8 por la mañana se recibió orden superior de continuar en camiones y entrar en Quijorna a costa de los máximos sacrificios, donde, al parecer, estaban asediados por el enemigo, en gran número, un Tabor (el 4º) y Tiradores de Ifni una Centuria de Falange. El convoy emprendió la marcha pero a mitad del camino que nos separa de Quijorna aparecieron por el aire 14 aparatos enemigos de bombardeo y cazas sorprendiéndonos con granadas incendiarias y ametrallándonos. El monte, que a un lado y otro de la carretera estaba cubierto de encinas y bosque bajo y con accidentes pronunciándose y peñas, nos favoreció, y las bajas fueron escasas, pero se propagó un gran incendio.

Pasado esto se intentó continuar la marcha, pero la artillería enemiga había establecido una fuerte barrera con su fuego y lo hacía imposible, en vista de lo cual se desistió, y por la tarde se dio orden de avanzar en guerrilla y situarnos a la defensiva en el Monte de los Llanos, que quedaba encima del mismo Quijorna, el cual lo habían acabado de tomar los rojos. Continuó la marcha de esta forma, mas el Comandante (D. Antonio Almazán) yerra la dirección, se hace de noche, y, no sabiendo la situación en que nos encontrábamos, ni si el enemigo lo teníamos delante o detrás, se conviene en pernoctar en aquel monte.

La aviación, sin saber cual, viene esta noche y lanza unas bombas que nos produjeron cuatro o cinco bajas. Por fin el 9 por la mañana regresamos al punto de partida y con órdenes del E.M. fuimos a establecer una línea defensiva en el Monte de las Pedrizas, frente al de los Llanos y de Quijorna por la parte Sur. Aquí hubo solamente tiroteos de fusil y cañón por ambas partes, pero el 15 y 16 atacaron sucesivamente unidades de una Brigada Navarra al Monte de los Llanos consiguiendo tomar la mitad de la cresta del mismo, donde desencadenaron en noches siguientes fuertes contraataques bomba de mano y arma blanca derrochando mucho valor. En vista de la inutilidad del ataque por ese sitio, al amanecer del día 19 fuimos relevados con orden de atacar el Tabor por el río Perales de Milla al Monte de este nombre, cota 560, donde había gran atrincheramiento con alambradas en más de un kilómetro de longitud. A las once de la mañana nos descubrió el enemigo y su artillería y ametralladoras abrieron fuego sin impedir, no obstante, nuestra aproximación, que la hacíamos a saltos con aprovechamiento del terreno y sin disparar un solo tiro. De este modo, al medio día cruzamos el río bajo un tenaz fuego y conseguimos colocarnos a doscientos metros del objetivo donde, después de dispuesto el Tabor para el asalto, a las cuatro de la tarde se daba orden de “a ellos” y en menos de media hora quedaba cumplido el objetivo con unas 300 bajas por nuestra parte, en su mayoría heridos, y con un número elevado de los rojos que cayeron como hormigas en su desbandada, dejando mucho material en nuestro poder. Fue felicitada la Compañía. Al anochecer de este día se pasaron a nuestras filas dos milicianos de Castellón dando noticia de que habían acabado de ser fusilados unos oficiales rojos por negarse a contraatacar, pero que habían llegado refuerzos de Lister para la Brigada del Campesino con el fin de contraatacar y recuperar la posición a la puesta de la luna de la madrugada del día 20.

Efectivamente, la luna ese día se escondía sobre las tres de la madrugada. Una Compañía de Ingenieros nos había colocado alambrada y nuestros soldados habían cambiado los sacos terreros y la tierra de frente; todo estaba bien municionado, colocados escuchas, y todo el mundo dispuesto a hacer fuego a la voz de mando. Cuando no estaba aún bien escondido el satélite terrestre, se dio por los escuchas la voz de alarma, aviso de que se acercaban desplegadas las fuerzas rojas, aún se dio orden de no disparar hasta que la manada llegase cerca de la alambrada en cuyo instante rompieron el fuego las ametralladoras y fusilería, causando tal mortandad y pánico que retrocedieron en desbandada; pero, no obstante llegaron a entrar en la trinchera por el flanco derecho guarnecido por la 3ª Compañía del Tabor, la cual decidió el incidente rápidamente y enardecida, salió en persecución del enemigo llegando a las trincheras que les sirvieron de base al contraataque y regresando con unos fusiles ametralladoras y veinticinco o treinta individuales. Este punto alcanzado se abandonó por orden superior ya que de haber permanecido allí al día siguiente se hubiese hecho insostenible por la artillería roja en cuanto la topografía lo favorecía.

El día 21 por la tarde y por la noche repitieron el intento con gran dureza, pero sin conseguir absolutamente nada.

El 23 por la noche fuimos relevados pernoctando unos tres kilómetros al oeste con orden de atacar y avanzar hasta cortar la carretera de Quijorna a Brunete en combinación con las fuerzas de dos Divisiones que operaban en conjunto por distintos sitios. La operación empezó temprano con una formidable masa aérea que bombardeó con profusión las líneas fortificadas y las concentraciones de retaguardia. Después entró en acción la artillería con elevado número de baterías que sonaban de todas partes.

El tabor inició el ataque, ganando pronto atrincheramientos. A media tarde se quedó sin mando la 3ª Compañía y el Comandante dio orden que me hiciese cargo de ella.

Aquel día se derrotó al Ejército marxista en toda la línea y el Tabor quedó en posición al N. de Quijorna en una línea de trincheras rojas. Enfrente había un trigal con terreno de configuración ondulada, desde el cual nos hostigaban constantemente con fuego ametrallador y de cañón de tanque. El día 28 por la noche se decidió acabar con aquel estado y, al efecto, se aprovechó la oscuridad para dar un “golpe de mano” que estuvo a cargo de mi Compañía y la 1ª. Desplegados en orden de guerrilla, y muchas veces arrastrándonos por el suelo, llegamos a pocos pasos del objetivo cuando abrió fuego el enemigo dando voces de ¡Alto! por todos los sitios que indicaban su nerviosidad y temor, pero antes de lanzarnos con bombas de mano, huyeron, abandonando aquella avanzada, por lo cual se pudo colocar tranquilamente la alambrada por una sección de Ingenieros que venía expresamente a nuestra retaguardia, y de la que murió el Teniente y una clase por dos tiros desgraciados.

El día 2 de Agosto fuimos relevados y en marchas a pie hasta el pueblo de Villamanta, en cuya estación establecimos el campamento.

El día 15 recibí un telegrama de mi hermano Facundo, que se encontraba herido en un hospital de Bilbao, en el que me comunicaba que saldría evacuado uno de aquellos días para Granada con el fin de estar más cerca de su mujer que residía en Chauchina.

Por este motivo pedí permiso al General (Sáez de Buruaga) que me concedió diez días, con la advertencia de que si podía regresase antes, saliendo el 16 y pasando un día en Sevilla y dos en Granada, o sea en Chauchina porque mi hermano no llegó evacuado. El día 25 al medio día estaba de regreso en Villamanta donde me encontré al Tabor embarcado en camiones para salir hacia Aragón donde los rojos estaban iniciando una gran ofensiva.

Inmediatamente entregué el mando de la 3ª Comp. a su Alférez Juan Moreno Galzusta que se había incorporado curado de herida y pasé a mandar la 1ª Comp. que era la mía, por haber causado baja el Capitán.

A las seis de la tarde llegábamos a Ávila, a cuya entrada recibimos la noticia de haberse liberado Santander. A las diez de la noche salíamos en tren hacia Zaragoza, a donde llegamos el 26 de madrugada, y en cuya estación fuimos invitados los Oficiales a tomar unas botellas de cerveza que las bebimos viendo llegar heridos del frente próximo. Ya suponíamos lo que había a este respecto, y, además la nerviosidad y semblante de la gente lo daba a entender. A media noche continuamos en tren hasta Burgo de Ebro y al venir el día 27 fuimos a acampar a la orilla del Ebro, bajo el arbolado. A las once montamos en camiones hasta el kilómetro 27 de la carretera de Belchite, continuando la marcha a pie hasta el Km 25 internándonos a la derecha y situándonos de reserva de línea. A las pocas hora recibí orden de ocupar con mi Compañía la carretera estableciendo enlace entre un Batallón de Argel y el 9º Tabor de Larache. Dispuse dos secciones en línea a derecha e izquierda de la carretera y otra de reserva situada sobre un terraplén. A media noche, o sea, sobre la una de la madrugada del día 28, pasó del campo enemigo un camión, directo a Burgo de Ebro. El caso no me sorprendió y pensé pasaría voluntariamente por lo que ya se presentaría a nuestras a nuestras Autoridades de retaguardia, pero cuando no haría aún media hora vi que regresaba a toda velocidad, en vista de lo cual dispuse un pelotón rápidamente con orden de que cuando llegase a determinado punto se le hiciesen unas descargas cerradas y si eso no surtía efecto, al pasar por delante se le arrojasen unas granadas de mano. Así se hizo y con unas vueltas de campana fue a parar, quedando en pie y con los faros encendidos, a unos cien metros a la izquierda. Cogí una escuadra y me acerqué al vehículo encontrando a su lado el chofer muerto, y el ayudante pudo escapar herido porque si se le disparaba era peligro para nuestras propias fuerzas, cayendo prisionero a las pocas horas cuando intentaba pasar la línea. En la camioneta, que era nueva, encontré 30 mantas nuevas, un saquito de novelas y la documentación del muerto con una cuartilla que llevaba marcado un itinerario a seguir hasta Burgo de Ebro, que los rojos creían de ellos, sufriendo esa equivocación que tan trágico fin resultó para el desgraciado chofer almeriense. De la camioneta se sirvió el Tabor durante el resto de la campaña.

El día 30 por la noche fui relevado por una Compañía de un Batallón de Argel para reunirme al Tabor, que estaba de reserva, con orden de atacar a las ocho del día siguiente después de un día de preparación artillera. La operación estaba dispuesta para inmediatamente que tomásemos el dispositivo derecho de los atrincheramientos rojos, lanzarse por el centro el 9º Tabor de Larache y un Batallón con doce tanques en vanguardia. A las 7'45 h. nuestra artillería hizo tres disparos que cayeron entre nuestras fuerzas, causándonos unos heridos; el comandante, D. José Payeras Alcina, enfadado, cogió el teléfono y dijo que no quería artillería, ordenándonos a las dos Compañías (1ª y 3ª) que iniciásemos el ataque. Se hizo con tal rapidez y decisión que los rojos empezaron a ceder sus fortificaciones, y en tres horas que duró el combate las dos Compañías cumplieron el objetivo señalado para los dos Tabores, el Batallón y los 12 tanques, haciendo más de cien prisioneros, muchos muertos y cogiendo abundante material. Con treinta ametralladoras, varios fusiles de repetición y buen número de individuales. Por esta brillante acción fue felicitado el Tabor.

El día 2 de septiembre hizo una incursión a nuestras líneas la aviación roja y una bomba de grueso calibre que me cayó cerca levantó infinidad de piedras viniéndome a dar una contra los dedos índice y medio de la mano derecha que la tenía sobre la pared de la trinchera. El índice lo tuve todo el mes vendado y curándolo, aplastado y morado.

El día 4 estando en nuestra trinchera los Generales Cabanellas (Presidente de la Junta Técnica) Saliquet y Sáez de Buruaga, que mandaba la División, presenciaron el ataque de un Regimiento de Caballería que salía de la laguna salada, por el llano de Mediana hacia este pueblo. El ataque fracasó porque la artillería roja sembraba de proyectiles aquel llano. Entonces se acordó por los Generales una operación de tanteo a verificar por el Tabor y otro de Tiradores de Ifni. Se hizo la operación a pesar del nutrido fuego de ametralladora y cañón que nos hacía el enemigo, consiguiendo llegar a 500 m. del pueblo Mediana donde nos fortificamos.

El día 6 fuimos relevados y a la vez fuimos a relevar las unidades que guarnecían las posiciones de Valderranca, aquí tuvimos unos cuantos contraataques sin consecuencias, pasando el tiempo con bastante tranquilidad.

En octubre los Oficiales de la Compañía (Nemesio Rodríguez Quiroga, Feliciano Paniagua Vázquez) nos anunciamos para adquirir madrinas con el seudónimo peleón de Mequi, Mario de Valdeconares y Julio de Monterrey; respectivamente. Nos escribieron a los tres de todos los rincones de la España Nacional. Yo me quedé de madrinas a Ángela Revilla – Aduana 32 Sevilla – y a Ana María de Llano (Anuquita) – Francisco Mariño 14-2º Coruña-. La primera rubia y la segunda morena, pertenecientes a dos buenísimas familias, cultas y sentimentales a deducir por la forma de escribir, que aconsejaban como madres o como angelicales novias. Conocí a las dos personalmente y las conservé hasta el final de la campaña.

El 31 de noviembre fuimos relevados y con intenso frío fuimos a embarcar en camiones a Torrecilla de Valmadrid, saliendo para el pueblo de Medinaceli (Soria).

El día 2 de diciembre salí para Toledo, llamado para hacer el curso de Tenientes. El 1º de Enero de 1938 salimos toda la promoción para Ávila con el fin de realizar unos ejercicios prácticos de todas las armas. Estos se realizaron sobre pizarra por impedirlo prácticamente la enorme nevada que cayó. Me alojaba en el nº 12 de la Avenida de Portugal (Agustino y Modesta Guadaño)

El día 10 finalizó el curso y fui promovido a Teniente con aptitud para mando de Compañía y destinado al Cuadro Eventual del Ejército del Norte. Marché a Granada y el 27 regresé a Zaragoza, presentándome en el Cuartel General de dicho Ejército.

El 15 de marzo ingresé en el Hospital del Sagrado Corazón con hemorroides de las que fui operado quirúrgicamente el día 21.

Estuve admirablemente atendido por una admirable señorita de la aristocracia zaragozana, Conchita, por la Princesa Mercedes de Parma y la madre Trias. El 1º de Abril fui evacuado para el Hospital de la Cruz Roja en San Sebastián. En los últimos días de convalecencia visité los puntos típicos y playas Guipuzcoanas, como Irún, Fuenterrabía y Tolosa. El 21 salí destinado para el mando de la 3ª Compañía del 5º Batallón del Regimiento de Infantería de Zamora nº 29 (División 84) que se encontraba en los montes de Catí, donde me presenté el 1º de Mayo. Aquí pasamos el tiempo con algunos pequeños ataques sin importancia hasta el día 28 que ocupamos Monte Gordo y se continuó el avance bordeando y cerrando el valle de Albocacer para la masía de Sales y la Barona de cuyo punto enfilamos hacia Cabanes en que, una vez ocupado fui nombrado Comandante Militar durante aquel día que emprendimos la marcha para Villafamés; luego el enemigo derrotado fue perseguido hasta expulsarlo de San Juan de Morós, del Pantano y el extenso campo de algarrobos que va hasta el Mijares, cuyo río lo vadeamos el 20 de junio en dirección a Bechi. Siempre acosando a los rojos nos internamos en las primeras estribaciones de la cordillera del Espadán, liberando el pueblo de Artana y subiendo a la cumbre más alta del Puntal. De aquí nos relevaron y fuimos a entrar en posición sobre el pueblo de Alcudia de Veo.

El 19 de Julio las posiciones rojas de nuestro frente fueron castigadas intensamente por seguidos bombardeos de aviación que mantenían aquellos montes cubiertos de humo como espesa niebla.

El 25 de este mes nos llegó la noticia de que los rojos de Cataluña habían cruzado el Ebro por distintos sitios. La noticia la daba el parte como infiltración en nuestras líneas de pequeñas patrullas. Teniendo como precedente las pequeñas infiltraciones de Brunete y Belchite, pensé que el paso del Ebro tenía gran importancia. Efectivamente, pronto lo supe. Por la noche fue relevada toda la División 84 por la 82 concentrándonos en los campos de Onda.

Al día siguiente 26 salíamos en convoy de camiones para la zona invadida, llegando el 27 de madrugada a Prat de Comte, e inmediatamente subimos a establecer una línea defensiva a los picos que dan vista a Pinell. Las faldas de aquellos picos ya eran rojas con todo el bajo curso del Canaletas.

El 31 de Julio recibo orden de ocupar con mi Compañía y la 4ª del 16 Batallón todos los montículos y bosque que nos separaba hasta el Canaletas. La operación empezó a las once horas haciendo huir las avanzadas rojas hasta su línea defensiva. Los tanques y ametralladoras del enemigo no nos permitían avanzar, y después de muchos partes pidiendo fuego de artillería, que se hacía sin ningún resultado positivo, hice lanzar un pelotón al asalto de los primeros nidos de ametralladoras, en cuyo instante, aprovechando aquel momento de confusión irrumpió toda la fuerza por distintos sitios, derrotando al enemigo y persiguiéndole por el bosque de pinos y las barrancadas como a la caza del conejo; no obstante el enemigo resistió e hizo mucho fuego, causándome 37 bajas (5 muertos) y otros tantos a la otra Compañía. Me mataron al barbero que insistentemente me pidió venir de abanderado a la operación. El objetivo final no se alcanzó por la imposibilidad material de ocupar el extenso terreno con la fuerza de que disponía, que por la noche tuve que replegarme unos trescientos metros a punto de mejor defensa y donde pasé toda la noche con la fuerza dispuesta encuadro para hacer frente a cualquiera de los costados.

El día 8 de Agosto fuimos revelados para constituirse el Batallón en reserva en la venta de San Antonio, donde parte la carretera que va a Pinell. El día 20 fui a reforzar con mi Compañía a la 2ª Bandera de Falange de León.

El 25 tenía orden la 1ª Bandera de Asturias de atacar y tomar la cota 220 a mi flanco izquierdo. Después de repetidos intentos y destrozar la Bandera no se consiguió nada.

Al día siguiente 26 por la mañana hizo otro tanto el 5º Batallón de Zaragoza.

Por la tarde recibo orden de unirme urgentemente a mi Batallón que iba a operar sobre dicha cota y para la cual me revelaría una centuria de Falange. Bajo el fuego enemigo y a saltos pude incorporarme. Las otras Compañías iniciaron el ataque y la mía de reserva, cuando, por la noche, y en vista de que las Compañías no podrán moverse se dispuso por el Comandante que asaltase con la mía la posición, en cuyo instante se recibió orden superior de que se suspendiese la operación, la cual resultó un desastre con infinidad de bajas en el campo que no se habían podido retirar de las otras unidades, y que constituía un hecho desmoralizador.

Ese día, sentado sobre una manta, en medio de un cuadro tristísimo, hice un escrito que mandé con un soldado a Valladolid, solicitando del Jefe Nacional de los Servicios de Seguridad pasar al Cuerpo de Investigación.

El día 27 se dio de baja por enfermedad el Comandante, haciéndome entrega del mando del Batallón.

Por la tarde recibí orden de trasladarme con el Batallón a unas posiciones que ocupaba una Bandera de Falange, a la cual tenía que revelar.

Al día siguiente entregué el mando del Batallón al Capitán Manuel Rubio que fue destinado a él.

En primeros de Septiembre nos relevaron y nos constituimos de reserva en el barranco de Chatamesa.

El 14 de este mes salimos en convoy de camiones para el frente de Lérida, agregados a la 53 División del Cuerpo Ejército de Argón llegando el 15 a las posiciones de Torrelameu, y después de unos días pasamos de reserva a la masía de Torregó.

El 21 atacaron los rojos fuertemente por el frente de Teruel y salimos en camiones hasta Manzanera. En esa noche y el día siguiente 22 se liquidó la cuestión y el 23 regresamos a la Masía de Torregó.

El 8 de Octubre embarcó el Batallón otra vez para Gandesa, y se recibió oficio del Subsecretario de Ejército ordenando que pasase al Cuerpo de Investigación, para cuyo fin se pidió pasaporte. El día que salía para Valladolid se recibió también aviso de que asistiese al curso de Capitanes en Tahuima. Pero no quise y marche a descansar a retaguardia. Me presenté en Valladolid el día 12 de octubre y se me destinó a la plantilla de Castellón.

El día 20 en Zaragoza, salí al control de carretera para coger el primer coche que pasase para Castellón. Pasó uno que llevaba a la Sra. Rosa Causanilles que había estado allí unos días a tratamiento médico y me llevó a esta capital (le di 75 Ptas. al chofer) y como los alojamientos estaban mal me invitó a quedarme en su casa y así lo hice aquella noche.

De este modo conocí a su familia, especialmente a sus hijas Rosa y Carmen, con las que solía ir después, de vez en cuando, al cine y de paseo.

Tomé posesión de mi cargo y seguí prestando los servicios de mi empleo.

El 12 de noviembre, aburrido de la retaguardia y un poco avergonzado de vestir de paisano en aquellos días que se luchaba fuerte en los frentes, elevé instancia al Ministro de la Guerra pidiendo volver al ejercicio de las armas en un frente de combate, lo que me vino concedido unos días antes de Navidad y destinándome al Regimiento de Infantería nº 29, al cual pertenecía antes de desmovilizarme. El 27 de Diciembre, o sea, el tercer día de las Fiestas de Navidad, salí a presentarme en La Coruña al Regimiento, lo que efectué el día 2 de Enero de 1939. Aquí el Coronel me destinaba a mi antiguo Batallón que se encontraba en el frente catalán, pero obsesionado por entrar en Valencia le pedí que me destinasen a uno de los Batallones que se encontrase en este frente, y accedió mandándome al 2º - División 83. Emprendí el regreso el día 6 y me presenté al Batallón el día 12 en las posiciones del flanco derecho de Villavieja, siendo destinado al mando de la 1ª Compañía. Permanecí en dichas posiciones hasta el 15 de Febrero en que fuimos relevados para ir a concentrarnos en Villarreal. Aquí estuvimos en plan de instrucción hasta el 5 de marzo en que, con ocasión de estar sublevadas las fuerzas rojas de Cartagena embarcamos toda la División en el puerto del Grao de Castellón para aquella Plaza.

El 5 por la noche lo pasamos embarcados, sin salir, en el transporte “Castillo Olite”. Aquella noche partieron con fuerzas unos cuantos barcos. El nuestro levó anclas el día 6 a las diez horas.

En un recorrido muy tranquilo, sin ningún incidente, llegamos frente a Santa Pola de donde se divisaban las explosiones así como se veían los estampidos de los antiaéreos encima del puente fortificado de Cartagena, y donde nos apareció un hidroavión volando a ras de agua, que venía de la dirección de Santa Pola, que, al llegar cerca del barco se elevó un poco y dio unas cuantas vueltas saludándonos, y volviendo a desaparecer por el mismo camino que había traído. nosotros no supimos si se trataba de amigo o enemigo, pero más bien pareció lo primero, por cuanto no nos hizo ningún daño, y ya nos hacíamos cábalas de que aquello era indicio de estar nuestras fuerzas dominando parte de aquel territorio, y de que los antiaéreos que habíamos visto tirar podían ser nuestros que hacían fuego ya en lucha con el enemigo por aquel lado. Pronto se desvanecieron los buenos augurios que nos hacíamos. Pues a las once y media de la mañana enfilaba el buque hacia la rada de Cartagena, en cuyo instante abría fuego una de las baterías del fuerte que hay a la derecha de la ciudad y en menos de diez minutos íbamos al fondo del mar.

Los dos primeros disparos pasaron silbando por encima; el tercero explotó a quince metros de proa; al cuarto dio en la bodega de proa donde iban 3000 y pico cargas de cañón para nutrir las tres baterías que iban en la expedición y las cuales empezaron a explotar levantando por el aire maderas, hierros y cuerpos destrozados de soldados; el quinto vino a dar en el puente de mando donde nos encontrábamos la mayoría de los Oficiales y Jefes; allí murieron muchos. A mí me tiró, dejándome sentado encima de unas perolas de la ranchería de mi Compañía que las tenía arrimadas a la barandilla de la bodega central delantera, en cuyo interior llevaba la Compañía y la que pereció el 80% porque sólo había una escalerilla de salida y todos querían salir a la vez sin poderlo hacer nadie; el sexto dio en el depósito de máquinas, incendiándolo. En este momento aquello parecía el infierno: cuerpos de hombres destrozados por cubierta, otros ahogándose en racimo, otros nadando; ayes de dolor por todas partes.

El barco partiéndose en dos, y en medio de aquel drama, que era la muerte, los que aún nos conservábamos sobre cubierta cantábamos el último “Cara al Sol”. Después de esto el barco cabeceó y se iba al fondo de proa, me despojé del vestido y ordené a unos soldados que me siguiesen para intentar salvarnos, echándome de cabeza al agua y encontrándome ya herido en el pie y brazo izquierdos. Haciendo un gran esfuerzo pude escapar al embudo del hundimiento nadando a todo lo que podía, y cuando ya me faltaba unos cien metros para llegar a tierra, que me era imposible alcanzar, una barca me recogió y me llevó a la costa. Entonces me entró un desvanecimiento.

Una mujer de Puerto Escombreras, a cuyas inmediaciones me encontraba, me trajo unos calzoncillos largos que me puse y su abriguito igualmente. Más tarde un hombre del pueblo me llevó a hombros a un viejo caserón donde quedamos recluidos todos los náufragos. La noche aquella, del 7 al 8, fue pésima, sin alimento y helados; algunos perecieron desangrados. El 8 por la mañana fuimos trasladados los heridos a Murcia y los ilesos a Fuente Álamo. A mí me dejaron en el Hospital que llamaban de la Pasionaria. El 14 me trasladaron al Hospital de la Universidad donde se me abrió quirúrgicamente una contusión infectada del pie izquierdo, por cierto que forcejeaba para que se me diese anestesia general por temor a que me cortasen (amputasen) el pie ya que había visto subir del quirófano a la sala a varios amputados y a mi pie creía que le pasaría otro tanto, pero no fue así, me dieron anestesia general y me desperté con el pie puesto en su sitio, pero sí con mucho dolor.

Moríamos de hambre: no se nos daba de comer; murieron varios de los heridos; frente a mí el Comandante de Artillería Sr. Escuder, y un Capitán de Infantería, ayudante del Regimiento.

La buena gente de Murcia venía a visitarnos con mucho temor y cautela; pero el día 29, que fue el derrumbamiento general de la zona roja, se nombraron en la capital Autoridades Nacionales y desde aquel momento todo eran visitas y obsequios para la sala de los prisioneros. Como no tenía ropa que ponerme una bella murcianita me regaló un traje de paisano y ropa interior.

El día 4 de Abril fui evacuado en ambulancia al Hospital de Campaña del Cuerpo Ejército de Galicia en Benicarló – Valencia. Aquí se nos atendía muy bien y comíamos lo que se nos apetecía. ¿Nos tendrían lástima por las caras depauperadas que teníamos? Conmigo estaban Valentín Masip (Teniente) con la clavícula rota, Manuel Ríos (Alférez de Artillería).

El 12 de Mayo fui dado de alta con 25 días de convalecencia, que los pasé en Castellón preparando las cosas para contraer matrimonio el día 10 de Junio. Como la convalecencia terminaba el 5 de este mes, pedí al General de la División permiso para ello y me dio 12 días por telégrafo.

Me presenté al Batallón en Santiago de Compostela el día 18, e inmediatamente pedí el licenciamiento que me concedió el 24 y con mi mujer emprendí el regreso a Castellón adonde llegamos el día 5 de Julio después de pasar unos días en La Coruña, Madrid y Valencia.

El día 16 tomé posesión de mi cargo de Agente de 3ª.

El día 21 asciendo a Agente de 2ª clase; se me conceden la Medalla de Sufrimientos por la Patria, Cruz de Guerra, Cruz Roja y Medalla de la Campaña.

El 1º de Enero de 1944 asciendo a Agente de 1ª.