Benicàssim, hospital de las Brigadas Internacionales (Etapas Dumont y Rittermann)


Guillermo Casañ


Durante la Guerra Civil, Benicàssim albergó uno de los hospitales más importantes de las Brigadas internacionales (B.I.). Estaba situado en la zona de Las Villas entre el camí nou y el hotel Voramar, y lo componían casi medio centenar de edificios, villas principalmente, pero también un convento, un hotel y un garaje. Funcionó, bajo la dirección de las B.I., desde diciembre de 1936 hasta abril de 1938, y por él pasaron más de 7.000 heridos y convalecientes de las B.I., tanto españoles como internacionales.


Causas de la instalación de un hospital de las B.I. en Benicàssim


El comisario alemán Ernst Krüger (carta al autor de Nicolás Bodek) dando un discurso en memoria del Dr. Bodek. De izquierda a derecha: Comandante Albert Schindler, Comandante Vital Gayman, niños, Comisario Elie Duguet, E. Krüger dando el discurso, Comisario Ferencz, Comisario Emilio Suardi, brigadista con fusil. Benicàssim, 1937. (Colección Nicolás Bodek)


Las razones de su emplazamiento, tal y como cuentan el Dr. Dumont y André Martí, primer director del hospital y Jefe Político de las B.I. respectivamente, están en que se buscaba un lugar para los previsibles heridos de la XIII B.I., ya que ésta iba a participar en el ataque a Teruel de finales de diciembre de 1936. Por tal motivo, el Dr. Neumann, entonces Jefe del Servicio Sanitario Internacional (S.S.I.), acompañado de un alto cargo de la sanidad del Ejército y de una directiva del Socorro Rojo Internacional visitan el 1 de diciembre al Gobernador civil de Castellón, el socialista ilicitano Manuel Rodríguez, y éste “les aconsejó visitaran las Villas de Benicasim, ya que por su proximidad con el mar y los aires salinos de las montañas, podrían ser el más acertado refugio para esos valientes” según aparece en el Heraldo de Castellón. Esa misma tarde visitan Las Villas y aceptan el ofrecimiento ya que el lugar ofrece “todos cuantos medios tiene la naturaleza para el reposo [...] al mismo tiempo que excelentes y sanas condiciones de clima y de lugar.” También debió influir las excelentes vías de comunicación que disponía Benicàssim: la carretera nacional (entonces pasaba justo por detrás de Las Villas) y la vía férrea (se disponía de estación de tren y apeadero), condiciones que se tiene muy en cuenta en la ubicación de los hospitales de guerra. Por otra parte, las villas estaban deshabitadas y eran fácilmente incautables. De hecho, Enrique Gimeno Tomás, un importante industrial de la provincia, había ofrecido por carta en agosto de 1936 “caso de necesidad la Villa que poseo en las Villas de Benicasim, para Hospital o sanatorio para los convalecientes”.


La doctora francesa Fritzi Brauner con un grupo de brigadistas. Al fondo Villa “María” que los internacionales bautizaron como “Paulov”. Benicàssim, 1937. (Archivo Comintern)


Formación del Servicio Sanitario Internacional


La creación del hospital de Benicàssim, tal y como expone Vital Gayman, comandante de la Base de Albacete, fue uno de los factores que influyeron para que las B.I. organizaran un Servicio Sanitario con una red hospitalaria propia. En un principio sólo se pensaba a nivel de batallón y brigada, y se confiaba el posterior tratamiento de los heridos a la sanidad española, pero a mediados de noviembre, como cita Gayman, se decide un cambio de orientación a tenor de los hechos siguientes: el abandono de Madrid del Gobierno de Largo Caballero y traslado de todo su aparato administrativo a Valencia produjo una “fractura muy larga y muy profunda en todo el sistema hospitalario civil de la ciudad de Madrid”, esto debió influir en que comenzaran a llegar convoys de heridos a Albacete sin previo aviso. Como el ambulatorio allí instalado resultaba insuficiente, se impuso la tarea de crear un hospital en Albacete. Madrid, ciudad en la que hay muchos heridos internacionales hospitalizados, no es el lugar más adecuado porque está sujeto a muchos bombardeos, se decide entonces crear un hospital en Murcia. Los heridos internacionales, mientras tanto, están dispersos en más de 50 hospitales españoles, lo cual dificulta el seguimiento y posterior reincorporación a su unidad correspondiente, es preciso reagruparlos para su control y la creación de un aparato administrativo específico para la sanidad. La mayoría de los heridos no dominan el castellano, se encuentran alejados de sus familias, tienen dificultades para recibir correo, prensa en su idioma y el sueldo, este aislamiento favorece la desmoralización, se hace necesaria la creación de comisarios de sanidad. Por otra parte, y no menos importante, la evacuación de los heridos del frente de Madrid a los hospitales se hace muy larga y algunos heridos que se podían haber salvado con una intervención quirúrgica a tiempo, mueren por el camino. Es imprescindible la creación de hospitales de campaña. Este proceso que se iniciaba daría sus frutos. En menos de un año de un ambulatorio de 25 camas se pasaría a 21 hospitales con una capacidad aproximada de 6.000 camas y, de un grupo sanitario con 6 médicos, enfermeras, sanitarios y conductores a otro de más de 1.500 componentes en total.


La enfermera neozelandesa Una Wilson y la australiana May MacFarlane, que estuvieron en Benicàssim, en el frente junto a un grupo de brigadistas. Probablemente 1937. (Archivo Comintern)


La red hospitalaria de las B.I.


La red hospitalaria del S.S.I., anterior a la evacuación a Cataluña de las B.I. en abril de 1938, se establecería principalmente en las provincias de Madrid, Cuenca, Albacete, Murcia, Alicante, Valencia y Castellón. Desde un mapa veríamos que es una cuña con vértice en Madrid que se extiende hacia la zona mediterránea de levante. En el País Valenciano se establecieron casas de convalecencia en Orihuela, Denia y Benisa, una enfermería en Valencia y el centro de Benicàssim. Decimos centro y no hospital porque así aparece en la mayoría de documentos. Esto se debe a que Benicàssim a lo largo de su casi año y medio de existencia cambió varias veces de carácter de acuerdo con las necesidades de la guerra. En general se puede decir que fue un hospital mixto, es decir, que tenía capacidad quirúrgica y al mismo tiempo era de reposo. Su desarrollo los explicaremos a través de los directores que tuvo: el Dr. René Dumont, el Dr. Heinrich Rittermann, el Dr. Gunter Bodek, el Dr. Desider Tallenberg y el Dr. Fritz Jensen. Tienen en todos común que son de izquierdas, hablan alemán, y proceden más bien de la Europa central y que muy pronto ofrecieron sus servicios a la República española. En general son militantes del partido comunista, mayores de 30 años, de ascendencia judía y en 1936 hacía más de tres años que se habían graduado en medicina


Enfermeras españolas en la entrada de una villa de E. Gimeno. Convaleciente de San Marino Aldo Gasparoni. Enfermeras: Isabel García, Eugenia Reliegos, Encarna Martos y mirando hacia abajo Mercedes Ferrara. En primera fila: Gabriela García, Luz Gallén, Encarna Mus, Milagros y Carmencita. (Colección Mercedes Ferrara)


Etapa Dumont


Al Dr. Dumont, que se acababa de especializar en Alemania, le esperaba un brillante porvenir en Bélgica como cirujano, sin embargo en noviembre de 1936 ya se encontraba en España con las B.I. A principios de diciembre fue enviado a Benicàssim para organizar allí un hospital que atendiera a los heridos de la XIII B.I. que iba a ser destinada al frente de Teruel. Afortunadamente, hemos podido encontrar algunas cartas suyas en el archivo de la Brigada Lincoln donde cuenta “Recibimos allí a más de 900 heridos. No teníamos ninguna clase de ayuda –al principio-. Luego vinieron algunos doctores españoles de Valencia –y, si no me equivoco- Una Wilson, May MacFarlane etc...” Si bien Martínez Bande informa que la XIII B.I. había sufrido un 50 por 100 de bajas, la cifra de heridos atendidos en Benicàssim nos parece exagerada porque en esos momentos el hospital nada más disponía de 150 camas, esta insuficiencia se completó con el Hospital Provincial de Castellón, el que aparece denominado como “Hospital de Sangre Casa del Pueblo” y otro que se montó en Almazora . Uno de estos heridos fue el austríaco Franz Luda del que la Dra. Brauner nos cuenta “Franz recibió los trozos de una bomba en la pierna izquierda y en la mano derecha. [..] Durante cuatro días y cuatro noches se arrastró en los codos progresando metro por metro. [...] Gracias a su constitución fuerte de deportista sobrevivió, pero sus dos piernas se habían quedado totalmente heladas y tuvieron que ser amputadas. [...] Su voluntad de vivir y su humor le ganaban a los dolores. A veces cuando me presentaba delante de su cama para la visita me decía con una cara de pillo: - Oye, esta noche vendrás a bailar conmigo. Espera un minuto que me limpie los zapatos, no tienes que pisarme en los dedos del pie, eh! Cuando el cantante alemán Ernst Buch llegó a Benicasim [...] vino a cantar especialmente delante de la cama de Franz.” En cuanto al personal del centro sabemos poco porque los listados más antiguos se remontan a marzo, posiblemente debido a que el aparato administrativo aún se estaba montando. Como médicos, estaban destinados aquí Heinrich Rittermann (austríaco), Randall Sollenberguer (norteamericano) y Lejeune (francés). Hay referencias a una tal Heck, que podría referirse a la Dra. Susanne Heck sobre la que hay información contradictoria, y a una dentista que no hemos podido identificar. Por lo que se refiere a las enfermeras, la gran mayoría eran españolas, principalmente de la provincia pero también las había madrileñas. En cuanto a las internacionales, todas ellas enfermeras diplomadas, procedían de Holanda, de Australia y Nueva Zelanda,. Mary Lowson, una de las australinas, pensaba que no había venido a España a discutir sobre “cómo debía colocarse una colcha.” Sentimientos así, principalmente de ir al frente, aparecen en ocasiones en otros médicos y enfermeras destinados en la retaguardia. Uno ha recorrido cientos incluso miles de kilómetros y se encuentra en un lugar tranquilo como Benicàssim. El Dr. Sollenberguer, cuenta J. Fyrth, al enterarse en Benicàssim del inicio de la batalla del Jarama “desertó al frente”. El mismo autor afirma que “fue arrestado e informado que los doctores eran más escasos que los soldados, para impedirle que siguiera luchando”. Desgraciadamente, murió en la batalla de Brunete. La guerra es mucho más organización que valentía. En el caso de los hospitales, uno puede ser un buen médico pero un pésimo organizador. El doctor Dumont era un excelente cirujano, pero Benicàssim no estaba bien administrado. Según un informe de inspección que se encuentra en Moscú, había quejas por la comida, poco control en los permisos y salidas del centro, disputas entre los alemanes y franceses, no se estaba contento con el comisario de entonces llamado Castro. Todo esto motivó que el mismo Jefe del Servicio Sanitario de entonces, el doctor búlgaro Oskar Telge, acudiera a la localidad el 27 de enero y participara en una asamblea en la que “comunicó que la administración de Benicasim iba a ser sometida a una profunda reorganización. Además comunicó que iba a incorporarse un nuevo comisario político.” Efectivamente, en pocos días Dumont fue llamado a Albacete y destinado al frente del Jarama, la batalla comenzó el 3 de febrero, donde debía montar un nuevo hospital. Seguramente, también influiría en el cambio de dirección el que en estas fechas las intervenciones quirúgicas habían disminuido, la XIII había sido retirada del frente de Teruel, y que en Jarama había necesidad de cirujanos. Así mismo, también en breve, un nuevo comisario, el italiano herido del frente de Madrid Emilio Suardi, tomaba el mando. Sin embargo, algo más había pasado que no refleja el informe citado, pero que aparece en otro documento firmado por A. Marty: el Dr. Lejeune había desertado con una camioneta camino de Francia. Si bien se le acusa además del robo de la caja del hospital, la paga, posiblemente, las razones de su huída eran más bien políticas. A finales de enero, Yvonne Robert, francesa que hacía de gerente del hospital, había acudido a Albacete para informar sobre el “grupo de Lejeune” y los conflictos entre franceses y alemanes. Marty escribe que la reprendió por el carácter “sectario” de su trabajo político al convocar para el 21 de enero un mitin con el PCE con el lema “Conmemoración de las 3L” (Liebnecht, Luxemburg, y Lenin) porque se le daba “carácter partidista” a las B.I.; y que “hubiera sido más justo organizar un mitin con el tema: "Seis meses de guerra en España y de Solidaridad Internacional" e “invitar a todas las organizaciones del Frente Popular.” Más adelante, Marty indica que “el Comandante [de la Base de Albacete] decidió [...] Enviar una guardia armada para detener a los elementos en descomposición” y para “Agilizar la liquidación de Benicàssim [...] vista la enorme descomposición poumista, anar., quintacolumnista de la región y la facilidad de contacto con el extranjero (ruta de Francia) [...]” En cuanto a la primera medida, Marty opina que “Se ejecutó de un modo realmente provocador. El teniente Naumann (del Servicio de Control de la Base) llegó en el momento de la comida de los médicos y dirigentes, y preguntó delante de todos: "¿Dónde hay que dejar los fusiles?". La noche siguiente, Lejeune se apoderó de la camioneta, de la caja y desertó con su grupo.” No hemos podido recabar la versión del Dr. Lejeune. El Dr. Ersler, veterano de las B.I., me cuenta que llegó a Francia y que en un periódico de Lille escribió contra las Brigadas Internacionales. Marty, por su parte, en un lenguaje que parece que quiera contentar a todos, escribe que Yvonne volvió a Albacete “para rendir cuentas” y que “fue llamada al orden por su falta de flexibilidad en esta ocasión. La observación era demasiado dura, como reconocimos en seguida.” En las B.I. encontramos de todo: políticos oportunistas, políticos intransigentes, y también aquellas personas, como por ejemplo los médicos, que dejaron un futuro cómodo por sus ideales, incluso algunos capaces de dar su vida por ello.


El escritor checo Egon E. Kisch y el campesino del Tirol Max Bair (izda.), héroe de la novela Las tres vacas, titulada así porque las vendió para venir a España y luchar contra el fascismo. Al fondo Villa “La Torreta”; para los internacionales, “General Miaja”. Benicàssim, 1937-1938. (Colección Max Bair)


Internacionales fallecidos en Benicàssim


En el hospital murieron un total de 59 personas hasta el 8 de abril de 1938, 30 de las cuales eran extranjeras. Por nacionalidades, el grupo más numeroso es el de franceses con 5, le sigue alemanes y polacos con 4 cada uno, después italianos y británicos con 3 respectivamente y, finalmente, con 1 austríacos, belgas, checoslovacos, daneses, finlandeses, lituanos y norteamericanos. Tres no consta su nacionalidad pero su apellido es extranjero. Los fallecimientos eran inscritos en el Registro Civil del municipio. Ramón Piqueres, nieto del sepulturero de entonces, recuerda que el féretro iba cubierto con banderas y se le acompañaba hasta el cementerio, allí se daba un discurso, se cantaba y se disparaba unas salvas. El entierro más importante fue el del capitán-médico G. Bodek, director del hospital entonces, acudieron el Gobernador civil de la provincia, el comandante de la Base de Albacete, el Jefe del Servicio Sanitario de las B.I. así como oficiales de las B.I. Se dieron varios discursos y al féretro lo acompañó una banda militar de música. En el exterior de los nichos se solía pintar los nombres, hoy no queda ningún rastro. Los nichos que ocupaban fueron “vaciados” en la posguerra, según consta en el Libro de Registro del cementerio. Hay quien opina que fueron trasladados al Valle de los Caídos pero, posiblemente, fueron depositados en el osario del cementerio.


Fiesta en honor a Franz Luda en Villa “Isabel” que los internacionales bautizaron “Garibaldi”. El homenajeado en el centro. Agachado a su izquierda, François Billoux, diputado comunista y varias veces ministro con De Gaulle. Benicàssim, 1937. (Archivo de la Brigada Lincoln)


Bodek, Joaquín, 43 años de edad, natural de Alemania, fallecido el 26-6-37

Neuman, Erich, 27 años de edad, natural de Alemania, fallecido el 29-10-37

Laschet, Franz, 29 años de edad, natural de Alemania, fallecido el 4-2-38

Nordheim, Gimter, 29 años de edad, natural de Alemania, fallecido el 11-12-37

Zuwetler, Josep, 23 años de edad, natural de Austria, fallecido el 18-2-37

Elipome, Francois, 28 años de edad, natural de Bélgica, fallecido el 26-12-37

Neveska, Francois, 45 años de edad, natural de Checoslovaquia, fallecido el 26-7-37

Hendriksen, Otto, 32 años de edad, natural de Dinamarca, fallecido el 9-9-37

Wihela, Werner, no consta edad, natural de Finlandia, fallecido el 9-3-38

Ponteille, Joanes, 32 años de edad, natural de Francia, fallecido el 11-3-37

Bunel, Marcel Felix Eugene, 29 años de edad, natural de Francia, fallecido el 19-8-37

Rouge, Gabriel, 21 años de edad, natural de Francia, fallecido el 27-1-38

Bougade, Louis, 34 años de edad, natural de Francia, fallecido el 29-3-38

Lacombe, Fernand, no consta edad, natural de Francia, fallecido el 1-4-38

Braut, Albert, 21 años de edad, natural de Holanda, fallecido el 24-1-38

Daly, Meter, no consta edad, natural de Inglaterra, fallecido el 5-9-37

Donaldson, Guillermo, 27 años de edad, natural de Inglaterra, fallecido el 27-1-38

Batsón, Perci, 23 años de edad, natural de Inglaterra, fallecido el 7-2-38

Puggioni, Mario Giovanni, 30 años de edad, natural de Italia, fallecido el 3-4-37

Bini, André, 30 años de edad, natural de Italia, fallecido el 28-6-37

Noto, Luciano, 29 años de edad, natural de Italia, 3-1-38

Grogorovic, Frank, 34 años de edad, natural de Lituania, 22-3-38

Maggioni, Jean, 34 años de edad, no consta naturaleza, fallecido el 12-7-37

Jusiando, no consta edad, no consta naturaleza, fallecido el 26-9-37

Freber, Erico, 29 años de edad, no consta naturaleza, fallecido el 10-11-37

Matuchosky, Andre, 43 años de edad, natural de Polonia, fallecido el 29-7-37

Chamrol, Leon, no consta edad, natural de Polonia, fallecido el 7-11-37

Sufco, Nicolas, 37 años de edad, natural de Polonia, fallecido el 25-3-38

Zige, Stanislao, 32 años de edad, natural de Polonia, fallecido el 3-11-37

Hendler, Max, no consta edad, natural de USA, fallecido el 23-9-37


Fuente: Elaboración propia a partir de las actas de defunción que se encuentran en el Registro Civil de Benicàssim. Los nombres se han escrito tal como aparecen en las actas de defunción. Es posible que haya erratas.


Etapa Rittermann


Como apuntábamos hace dos semanas, A. Marty, el Jefe Político de las B.I., escribe que a finales de enero de 1937 se iba a agilizar la “liquidación” del hospital de Benicàssim pues “(constituido sólo para los heridos de la XIII en Teruel) vista la enorme descomposición poumista, anar., quintacolumnista de la región y la facilidad de contacto con el extranjero (ruta de Francia)”, pero explica que “Esta segunda decisión no pudo ser llevada a cabo por diversas razones” sin ofrecer más detalles. Una de estas razones, con toda probabilidad, fue la inmensa cantidad de bajas que se produjeron por la batalla del Jarama (6-27 febrero), en proporción una de las más sangrientas de toda la guerra. Martínez Bande afirma que “es seguro que las bajas del enemigo superaron la cifra de 10.000”, de las cuales más de 2.800 correspondían a las B.I. Una Wilson, la enfermera neozelandesa que había sido transferida de Benicàssim al Jarama, escribe en su diario “Hace semanas que nuestro enorme patio, cada pasillo y todas las camas que hay, se han llenado con muertos y moribundos […] Nunca en mi vida me he sentido tan profundamente cansada, miserable y desgraciada. Agradecería que alguna de las ametralladoras que suenan a campo abierto me alcanzase. Parece que deambulamos en un río de sangre sin descanso.” La batalla había sido una carnicería. Castells escribe que las B.I. se llevaron la peor parte, que cada olivo de Arganda era “el centinela de cinco tumbas de combatientes”. Benicàssim no sólo no fue liquidado sino que, a mediados de febrero, de 150 camas se amplió a 400 y algo parecido ocurrió en los hospitales de Murcia y Albacete pues había una gran necesidad de camas. El Servicio Sanitario Internacional (S.S.I.) iba tomando “cuerpo”, se adquirieron trenes con los que se evacuó los heridos del Jarama hacia Benicàssim y Murcia. Por vez primera, el S.S.I. podía realizar con éxito la evacuación de todos sus heridos.

Sabemos que en marzo el hospital lo componían ya 10 villas y el hotel Voramar. El director era entonces, el capitán-médico austríaco Heinrich Rittermann, y el equipo médico compuesto por los doctores Maurycy Seideman, Hirsz Katz (polacos), la Dra. Fritzi Brauner (francesa), la dentista Rachel Ravaut (polaca) y la farmacéutica Jacqueline Gayman (francesa). Yvonne Robert (francesa) ejercía de administradora, Emilio Suardi (italiano) y Elie Duguet (francés) como comisarios. En cuanto a las enfermeras, cerca de 25, la gran mayoría seguían siendo españolas, pero también había un par de holandesas: Katrijn Hulleman y Jannie Scheele. A la primera, que era socialista, en España la llamaban Margarita porque nadie podía pronunciar su nombre. A sus más de 40 años dejó su puesto de enfermera de quirófano para venir a España. En sus cartas de entonces escribe “¿Cómo se puede combatir al fascismo sólo con vendas? Hoy me han dado una clase para aprender a disparar. Nunca pensé que tocaría un arma y he necesitado mucho tiempo para decidirme a hacerlo” Durante la II Guerra Mundial, participó en la resistencia contra los nazis y fue detenida, siendo internada en el campo de concentración de Ravensbrück. Después de la Guerra Mundial, siguió llevando una intensa labor social. Tanto la admiraban sus conciudadanos, que hoy una avenida de Ámsterdam lleva su nombre. En su funeral, se entonaron canciones españolas.


La Dra. Fritzi Brauner vacunando a una niña del “Hogar de Huérfanos de Milicianos”, centro situado en la antigua Villa “Elisa”. Benicàssim, 1937-1938. (Colección Alfred Brauner)


Tenemos poca información correspondiente a febrero y marzo sobre Benicàssim. El Heraldo de Castellón de mediados de febrero nos informa del regalo por parte Unión Republicana de Castellón, el partido de Martínez Barrio, “de libros editados en francés e inglés para los heridos internacionales”. La biblioteca del hospital, situada en la “Casa de la Cultura Máximo Gorki” (Villa “Victoria”) llegaría a disponer de más de 2.000 libros en 15 lenguas diferentes. En otro número, se describe el multitudinario entierro del brigadista inglés Robert Martín muerto en Castellón, lo cual indica que a finales de febrero aún quedaban heridos en los hospitales de la capital.


Si bien se había perdido Málaga (8 febrero) sin apenas resistencia, en Jarama los contendientes habían quedado en empate. A estas alturas de la guerra, el objetivo principal era Madrid y las fuerzas rebeldes lanzan una nueva ofensiva: Guadalajara (8-22 marzo). Si en Jarama el nuevo ejército de la República, que ya no era aquel de las columnas de principio de la guerra, pudo frenar una ofensiva, ahora era capaz de cosechar una victoria. En Benicàssim, escribe el comisario Duguet en sus memorias, “Tras la derrota italiana de Guadalajara, todos los garibaldinos [los voluntarios italianos] momentáneamente en Benicàssim estaban exultantes y hubieran podido con derecho y razón, sacar sus gloriosos pañuelos rojos que sólo ellos tenían. Los otros internacionales habiendo, ellos también, participado en la victoria canturreaban más que nunca las canciones e himnos del Ejército Republicano “Madrid qué bien resiste” “El quinto regimiento”. Sin embargo, en guerra, incluso las victorias tienen un tributo de sangre. Según el Dr. Massons, cirujano e historiador que estuvo destinado en Benicàssim, el hospital de Guadalajara recibió más de 3.000 ingresos en aquellos meses. A nivel sanitario dentro de las B.I., según explica el Dr. Franek, la batalla de Guadalajara, zona que estaba apartada de las carreteras en funcionamiento, mostró que era necesario crear grupos especiales para la evacuación y transporte de heridos, medida que sería de gran ayuda en las batallas posteriores.


Postal de un dibujo de la niña A. Pérez que representa el bombardeo del vapor Legazpi por trimotores rebeldes. La Torre Sant Vicent y el cuartel de Carabineros. Benicàssim, mayo 1937. (Archivo de la Brigada Lincoln)


Después de los intentos fallidos por conquistar Madrid (la capital, Jarama y Guadalajara), Franco cambió de estrategia: de la batalla decisiva pasó a lo que los militares llaman la aproximación indirecta, es decir, objetivos menos ambiciosos pero más fáciles de conseguir, con el fin de vencer al enemigo debilitándolo, y el 31 de marzo traslada el principal teatro de operaciones al norte. Esta estrategia suponía alargar la guerra. Muchos, los internacionales también, pensaban que la guerra de España sería cuestión de meses, pero duró casi tres años.

Con el traslado de la guerra al Norte, abril inauguraba un período de relativa calma en los frentes del resto de España. Benicàssim había dejado de ser un hospital quirúrgico para convertirse en Casa de Convalecencia y también Centro Permisionario. “Había poca faena, cambiar un vendaje, quitar los puntos... Los heridos que se ponían graves se llevaban a Castellón”, recuerda el Dr. Antonio Olivella, oftalmólogo catalán que estuvo destinado en Benicàssim. “Era un ambiente familiar” añade la enfermera Mercedes Ferrara. Básicamente, había tres clases de internos: los que habían sido heridos gravemente y que eran trasferidos aquí una vez se iniciaba su recuperación, los heridos leves y los que estaban de permiso. A principios de este mes, los comisarios informan al Comandante de la Base de varios temas que necesitan solución: construcción de refugios contra bombardeos, la situación del director, los problemas de orden que plantean los que están de permiso, falta cocineros y de utensilios para la nueva cocina y, finalmente, la falta de materiales para “El Club”, que era la cantina del centro. En cuanto a los refugios, la necesidad de construirlos probablemente se debió al reciente bombardeo de Castellón. El crucero Baleares, a 5 millas de la costa, bombardeó Castellón a las 20 horas del 23 de marzo causando 18 muertes y más de 30 heridos, todos civiles, y entre ellos ancianos, mujeres y niños, tema que ha estudiado a fondo el doctor castellonense J. Aparici. El almirante Moreno no explica en sus memorias el objetivo militar de esta acción, pero es posible que se pretendiera atemorizar a la población y empañar el júbilo de la victoria de Guadalajara. Curiosamente, el crucero que bombardeó por primera vez Castellón tiene dedicada una calle en el Grao.


En lo referente al director, Suardi y Duguet informan al Comandante Gayman que “el camarada Ritterman doctor jefe, ha pedido un permiso de varias semanas (el motivo se lo explicará él mismo). Desgraciadamente no es posible encontrar substituto entre los doctores que tenemos. Así pues, le pedimos que haga lo necesario para solucionar usted mismo esta cuestión lo mejor posible.” El “permiso” al que se refieren, seguramente, era un eufemismo. El Dr. Olivella me contó que el Dr. Rittermann “Era un socialista conservador pero le echaron porque le consideraban de derechas.” Otro documento nos da más pistas sobre el caso, es una carta del Dr. Neumann al Dr. Telge, el actual Jefe del S.S.I., “En mi opinión, para él [Dr. Bodek] aquí sólo hay dos opciones; o bien ocupa el puesto de médico jefe en Benicasim (en este caso se le podría dar a Rittermann una actividad más bien quirúrgica en el frente, coche quirúrgico por ejemplo, cosa que me pidió en varias ocasiones; lo he aceptado para el caso de tener substituto en Benicasim), o bien el puesto de jefe de los hospitales de Murcia.” No tenemos la versión de Rittermann, ni podemos valorar sus capacidades para dirigir un hospital pues hay una auténtica falta de información sobre él. Si bien las versiones del Dr. Olivella y la del Dr. Neumann son en parte contradictorias, creemos que es posible que su no pertenencia al Partido creara fricciones o recelos porque en las B.I., los comunistas, a pesar de su estrategia de Frente Popular, tienen tendencia a poner a sus hombres en puestos clave. De hecho, la carta citada sigue así: “Bodek está en el partido desde 1919, habla perfectamente español y bastante francés, pero sobre todo cuenta con la tranquilidad y la sensatez necesarias para ambos puestos. Viejo comunista y buen médico.” Desde luego, el Dr. Bodek, tenía cualidades y su pertenencia al Partido, según su nieta, la socióloga mejicana Claudia Bodek, no es cierta; lo interesante es que el Dr. Neumann deja caer su militancia comunista como argumento de peso. Rittermann volvió a Austria y, gracias a la documentación encontrada por Hans Landauer, veterano e historiador de las B.I., sabemos que de allí partió a “ultramar” perdiéndose su pista.

Con la guerra librándose en el norte, abril y mayo son meses de “tregua” para las B.I., y Duguet nos cuenta: “Nunca había vivido en un lugar tan hermoso. Una villa a la orilla del mar en donde podía dormir acunado por el ruido de las olas. Me acostaba en pijama. Era para mí un lujo. Mi ropa estaba lavada, planchada, la cama hecha todos los días.” Y le comenta por carta a su novia francesa “Es un poco escandaloso cuando pienso en los compañeros que están en las trincheras.” Duguet había sido declarado inútil para el frente por “cegato”, utilizando sus propias palabras. Pero un ejército es una máquina en la que todas sus piezas son importantes, incluidas los hospitales. Un soldado bien equipado y con confianza en sus jefes, combate mejor si ha comido y dormido bien y, también, si sabe que al grito de ¡Socorro! acudirá un sanitario a recogerle.


El 4 de abril de 1937, en el Teatro Municipal Castellón, se organizó un mitin homenaje a las B.I. Entre otros oradores, el doctor castellonense Miguel Peña Masip que, en nombre de Esquerra Valenciana, elogia la labor de las B.I. “Nosotros tuvimos la suerte de recibir su ayuda en momentos críticos”; y, por otra parte, recalca “la necesidad de ser dignos para ganar la guerra.” El 10 de este mismo mes, la Banda Municipal de Castellón ofreció un concierto en Las Villas en honor de los heridos internacionales que se cerró con el Himno de Riego, el himno oficial de España, “que fue escuchado en medio de un silencio impresionante, militarmente y con el ritual saludo de puño en alto.” El Heraldo de Castellón también nos cuenta que “los camaradas de la Brigada Internacional entregaron una artística corbata a la bandera de la Banda de Castellón” Hace pocos años fui a buscar la mencionada corbata. El conserje me atendió muy amablemente, y juntos nos pusimos a buscarla. Había corbatas muy antiguas pero la de los internacionales de Benicàssim no estaba. Es un detalle anecdótico, pero creo que ilustra una situación en la que los españoles vencedores trataron de borrar el recuerdo positivo de los españoles vencidos.


Retirada de la placa en honor a los brigadistas fallecidos en Benicàssim


Queda mucho que contar, y espero que en el futuro haya ocasión de hacerlo. Basten estas palabras para honrar a los 30 internacionales que fueron enterrados en Benicàssim. Durante la Dictadura, desaparecieron los nombres de sus nichos y se vaciaron sus restos. Gracias a que estamos en democracia, la pequeña pero activa asociación castellonense “González Chermá” trató de rescatarlos del olvido con una placa, tal y como se ha hecho en los cementerios de las localidades de Mataró y Bisbal de Falset donde hubo también hospitales de las B.I.; pero el actual Ayuntamiento la ha retirado. Si bien en historia siempre hay matices, creo que son dignos de ser recordados porque el hecho fundamental de los internacionales es que lucharon al lado de los españoles que defendían un régimen cuya máxima era “un hombre un voto”.


Publicado en Levante los días 7 y 14 de noviembre de 2004.