Historia de la Cruz Roja de Vinaròs (I parte)

Nos narra el historiador Borras Jarque que la fundación de la Cruz Roja en Vinaròs se llevó a cabo en el año 1909. Sin embargo desde los archivos de la entidad tienen constancia de que la actividad de la asociación en Vinaròs es anterior, incluso que se remonta a finales del siglo XIX. No obstante cuando tengamos certeza documental de la misma lo pondremos de manifiesto en estas páginas.
De momento tenemos constancia de que el 10 de octubre del año 1909 se fundó en Vinaròs la primera sede “oficial” y reconocida de la Cruz Roja local, con la aprobación de la primera Junta local, formada por el presidente y fundador, el militar D. Abelardo de la Calle; como vicepresidente D. Agustí Safón; segundo vicepresidente Alfredo Porcar; secretario Demetrio García; tesorero Juan Bautista Sendra; contador D. Leopoldo Querol; director de almacén D. Ramon Salvador, y vocales D. Manuel Camós, D. Bautista Gombáu, D. Tomás Juan y el comandante Josep Delgado.
De D. Abelardo de la Calle desconocemos quien era ni de dónde procedía. Sabemos que fue un capitán de infantería instalado en Vinaròs. Y es bastante normal que fuese un militar el fundador, junto con el comandante Delgado ya que la Cruz Roja estaba muy ligada al estamento militar puesto que sus funciones desde el inicio estuvieron ligadas a la atención a los heridos de guerra y era normal que fuesen los militares los que estuviesen dando soporte a esta organización humanitaria puesto que los efectivos sanitarios en épocas de guerra eran deficitarios y sus servicios indispensables. Solo hemos de imaginar que en la época de las guerras carlistas una ciudad como Vinaròs contaría con uno o dos médicos, y en un ataque como fue el de la “batalla de Alcanar” entre vinarocenses y las tropas de Cabrera, hubo centenares de heridos que se instalaban en camillas en la plaza de la Iglesia por falta de espacio y atención sanitaria; atención en esos años que nos podemos imaginar como era. Sin higiene, sin medicamentos, con heridos desangrándose con dolor y con métodos rudimentarios de atención primaria.
Retomando el tema, uno de los impulsores de la fundación de esta primera sede en Vinaròs fue el concejal Juan Bautista Sendra Cucala; propietario de las industrias metalúrgicas Sendra, y que por fortuna se conserva su casa familiar en la Plaza Jovellar. Persona económicamente solvente, fue uno de los principales mecenas de la impulsión de la fundación de la Cruz Roja local y al cual le debemos un reconocimiento especial. Así mismo hubo importantes colaboraciones hacia dicha entidad por parte de las “voluntarias” que también se encargaban de atender el comedor de los pobres y del sostenimiento del Hospital con obras benéficas. En esos años contaba Vinaròs con una estación sanitaria de segunda clase al frente de D. Gerardo Delmás Demetz.
A principios del año 1912 se celebró la Junta anual de la Cruz Roja local para hacer balance del año anterior. En dicha Junta, presidida por el médico Sebastián Roca Ribera, presidente de la asociación local, se dio lectura a la memoria reglamentaria de la institución, y sobre todo se hizo hincapié en la labor llevada a cabo por los voluntarios de la misma, en especial al grupo de mujeres que se encargaron de recoger la ayuda necesaria para la atención a los desprotegidos, y sobre todo a la gran labor llevada a cabo por dicho grupo de “vinarosencas” hacia las víctimas del temporal que azotó la población en febrero del año 1911, cuya ayuda fue primordial en la tragedia.
Hemos de reseñar que Borrás Jarque en su “Historia de Vinaròs” reseña dicho temporal y lo fecha el 1 de febrero del año 1912, cosa errónea por su parte ya que dicho temporal se produjo un año antes, o sea, el 1 de febrero del año 1911. De tal magnitud fue el temporal que relata que “una embarcació, a la vista d’una gran gentada, s’estrellà contra el contramoll; de la tripulació es salvaren quatre vinarossencs, no tenint la mateixa sort els altres tres mariners que eren penyscolans. Al poc rato, una altra barca lluitant per alcançar el nostre port, moguda com una clasca d’anou per les selvatges muntanyes d’aigua es trobà salvada”. Es lógico que fueron muchas más las embarcaciones de pesca que se encontraron inmersas en el temporal y llegaron al puerto como pudieron.
También en dicha Junta se agradecía al Ayuntamiento el haber cedido un local o sede social para al Asociación, gracias a los esfuerzos del entonces concejal el industrial D. Juan Bautista Sendra Cucala. Primera sede propia con la cual contó la ciudad.
También en dicha Asamblea se animó a los socios a que presentasen proyectos con el objeto de que la asociación creciera tanto en número de socios como de colaboradores y voluntarios altruistas.
Por último se dio lectura al estado de cuentas del año anterior y que fue refrendado y dado el visto bueno por los socios D. Jose Esteller y el reverendo Mosén Antolí que formaban parte de la junta rectora de la Cruz Roja local. Hemos de dejar presente sobre todo que las labores de beneficencia eran llevadas a cabo como es lógico por la gente adinerada de la ciudad.
Y estamos en una época donde el papel de la mujer no pasaba en estas clases más pudientes del cuidado del hogar, y poca cosa más. Su participación en la vida social y política era nula por razones obvias de la época. Sin embargo, a partir de lo visto, hemos de reconocer el papel de dichas mujeres en la labor llevada a cabo a través de asociaciones solidarias y más concretamente en la Cruz Roja, con lo cual queda revalorizado su papel activo en una labor social que no ha sido reconocida por la historia pero que ineludiblemente hemos de reconocer y valorar su labor social y humanitaria, dejando de lado los lujos de la casa para ir a socorrer a los heridos con atención sanitaria, alimentos y cuidados hacia sus conciudadanos.
La Cruz Roja tenía ya la costumbre de organizar la fiesta de La Purísima en la ciudad. Y así, el en año 1919, en dicha festividad, se condecoró por parte de la Asamblea Suprema a varios de sus miembros. Así se concedió una Mención Honorífica al camillero Batiste Vens y la medalla de bronce de 3ª clase al propio Batiste y a los compañeros de la Cruz Roja local Vicent Albella, Ramon Gasulla y Salvador Albella. El presidente de la entidad era ese año el médico D. Sebastián Roca. Los voluntarios de la Cruz Roja local participaban en cualquier suceso local, como lo hicieron de manera efectiva en el tremendo incendio de los astilleros Sorolla del año 1920 que motivó un gran pánico en la ciudad por el temor a que se extendiera y que gracias a su esfuerzo con las rudimentarias bombas de agua de la época se logró sofocar.

Alfredo Gómez Acebes


Acto fundacional de la Cruz Roja de Vinaròs.


Bomba de agua de principios del siglo XX,
conservada por Amics de Vinaròs.