Un monumento perdido y dos hermanos olvidados

Juan Martínez Acosta


1.  Una sierra sorprendente.

La Sierra de Espadán, en la provincia de Castellón, es un gran macizo montañoso, una abigarrada sucesión de montes y barrancos, sembrados de alcornocales, surcados por gran número de fuentes y riachuelos. Constituye un paisaje bucólico, con un verdor y una frondosidad envidiables. La paz que reina en estos bosques es incomparable. Esto hizo que fuese declarada Parque Natural en septiembre de 1998 por el gobierno valenciano.

Pero ese encantador paisaje, guarda un trágico pasado. Esos mismos bosques fueron testigos durante el siglo XIX y el XX de feroces combates, durante el transcurso de las guerras que han asolado a este país. Precisamente su orografía, con montes y barrancos pronunciados, lo hace especialmente favorable para la defensa. La historia que les traigo hoy aquí corresponde a nuestra última guerra civil.



Monumento a los hermanos García Sánchez


Partiendo del pueblo de Alcudia de Veo, en plena sierra, y, como a unos dos kilómetros en línea recta, después de serpentear por caminos forestales, se llega a dos montes, muy parecidos entre sí. En una pequeña explanada, junto a una pendiente, se yergue un pequeño monumento, coronado por una cruz. Si uno se aproxima y observa la construcción, (típica, por desgracia, de los años de la posguerra), descubrirá una lápida, grabada con el escudo de la IV Brigada de Navarra, donde se dedica tal túmulo a los hermanos Luciano y Mariano García, Comandante y Capitán respectivamente, muertos durante la guerra civil en este punto. No es sorprendente encontrar este obelisco en un paisaje que se encuentra sembrado de trincheras y restos de la contienda. Aquí tuvo lugar una de las más feroces acciones, con grandes pérdidas por ambos bandos. Lo que es sorprendente, y de hecho, poquísima gente tiene constancia de ello, es que este monumento está dedicado a dos mazarroneros. ¿De Mazarrón?, se preguntarán ustedes. Efectivamente, realizado a la gloria de dos militares muertos en estos montes, ambos oriundos de nuestro pueblo. Un monumento olvidado, a unos muertos olvidados. Voy a intentar reconstruir la historia, basándome en la búsqueda que he realizado a través de libros, documentos y conversaciones.


Antes de empezar me gustaría decir que las guerras no son justas con nadie. Doloroso es escribir de una guerra civil, donde tantos inocentes mueren, sin saber cómo ni por qué. Los hechos que se van a relatar aquí no tienen ningún fin especial, e igual que estos dos hermanos, debería hablarse de todos los caídos, en uno y otro bando, pues de todos fue la tragedia. Pero, por lo que toca a Mazarrón, narramos los hechos siguientes. Cada uno que saque sus propias conclusiones.


Existe en nuestro municipio, una pequeña calle situada a la espalda del Ayuntamiento, y que desemboca, a la antigua Plaza de Palacio, ahora Plaza de Ramón y Cajal, por un lado, y a la del escultor Salzillo por el otro.


Actualmente le falta la placa, pero desde hace tiempo se podía leer en ella "Calle Comandante García Sánchez". Esto llevaba a la confusión de creer que esa calle se encontraba dedicada a alguna figura militar, igual que antes existían las calles de General Mola, Queipo de Llano, Moscardó y otras. Mi curiosidad personal, hizo que empezara a preguntarme quién era este comandante o qué había hecho para merecer la placa.


2. Dos militares de carrera.


Pues bien, ¿ quien era o qué hizo ese comandante para que le pusieran nombre a la calle?.


Lo primero que hay que decir es que el nombre es erróneo. La calle no se designó así sino de los Comandantes García Sánchez.


¿De los comandantes?, ¿Los del monumento que has citado al principio?


Efectivamente, la calle está dedicada a los hermanos Luciano y Mariano García Sánchez, oficiales del ejército nacional durante la guerra civil. Dos oficiales mazarroneros con un historial militar impresionante y desconocido.


¿Y qué hicieron para que les pusieran la calle y ese monumento en aquella sierra? ¿Ganar alguna batalla?


Más que por ganar una batalla, se le puso por su actuación durante la guerra, y porque tuvieron un trágico final.


Estos dos mazarroneros, encaminaron su vida hacía el ejército muy pronto. El mayor, Luciano, ingresó en el mismo en mayo de 1916, siendo Capitán de infantería desde julio de 1927. Mariano ingresó en mayo de 1922, siendo Teniente de caballería desde julio de 1928. Luciano había estado destinado en África, en la Legión, y conoció a varios de los mandos que pronto resonarían en todo el país. Era considerado un héroe, porque intervino en varios combates y había recibido un tiro que casi lo mata, durante los difíciles días de 1924, del que consiguió recuperarse.


Cuando estalló la guerra civil, los hermanos se pusieron de lado de los sublevados contra la República. En concreto, Luciano García Sánchez, capitán del ejército, se encontraba por esos días destinado en el Regimiento de infantería Valladolid Nº 20, concretamente en Jaca (Huesca). Inmediatamente se unió al golpe, pasando con su regimiento para tomar Huesca. Intervino en varios combates, sostenidos contra las columnas de milicianos que intentaban frenar a los golpistas, sobre todo en el sector de la zona de Huesca. Sus antiguos compañeros, y en particular uno de los jefes bajo los que combatió en Marruecos, el general Franco, no se olvidó de su antiguo subordinado, y el 16 de julio de 1937 le destinó para que pasara al frente del Norte, dirigiendo al Tercio de Requetés de Lácar.


¿Y su hermano Mariano?


Mariano estaba destinado en julio del 36 en la Mehal la Jalifiana de Larache Nº 2, (tropas marroquíes mandadas por oficiales españoles en Marruecos). Con el estallido de la guerra siguió allí. Pasó en 1937 al Batallón H de Cazadores de Melilla Nº 3. Tras pasar por Villa Sanjurjo, pasó a la Milicia de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. El 14 de junio de 1938 se pasa al Tercio de Requetés de Montejurra, que combate al lado del que manda su hermano Luciano.


¿Requetés de Lácar y Montejurra?, ¿Eso qué es?


Los Requetés eran soldados carlistas (o tradicionalistas), es decir, que luchaban apoyando a Franco, pero su ideal era la restauración de la monarquía en la figura del pretendiente borbónico Jaime, y no en la persona del hijo de Alfonso XIII, que era el rey legítimo. Usaban boina roja y su bandera era la Cruz de San Andrés, (una cruz en aspa), sobre fondo blanco.



Capitán Mariano García Sánchez


La 1ª División de Navarra estuvo en casi todos los frentes más duros de la guerra, como Teruel, Alfambra, ofensiva de Aragón, toma de Levante, batalla del Ebro y toma de Cataluña. Precisamente Luciano García había sido condecorado con la Medalla Militar Individual por su destacado valor demostrado durante la campaña del Norte (1937). Esta medalla ( la segunda medalla militar más importante a la que puede aspirar un militar español, tras la Laureada de San Fernando), condecora a aquellos que han mostrado un especial arrojo en el combate, y se concede tras un riguroso estudio de los hechos.


3.Los que arrastran el capote.


¿Y qué les pasó?


Aquí empieza lo complicado. Veamos la situación:

En julio de 1938 las tropas franquistas se encontraban inmersas en lo que se denominó "ofensiva de Levante", buscando tomar la región valenciana, tras haber partido el territorio republicano en dos. El día 18 de abril, habían logrado llegar al mar, al alcanzar la 4ª de Navarra, Vinaroz y desde aquí proseguían su avance hacia Valencia. Pero la resistencia era muy fuerte y costaba mucho esfuerzo. Si conseguían tomar la Sierra de Espadán, podrían tomar Valencia y esto significaba el fin de la República.


Gracias a un libro que escribió un alférez del tercio, Carmelo Revilla Cebrecos (Tercio de Lácar, Memorias de la Guerra Civil Española 1936 1939), se puede saber todo lo que sucedió, de primera mano, ya que éste participó en los combates y estaba bajo el mando de Luciano García.


Los requetés de Lácar y Montejurra iban a la cabeza de estas operaciones, junto con el resto del ejército franquista. Los dos hermanos se habían encontrado en las estribaciones de Espadán. Luciano ya era Comandante, y su hermano Mariano, recién llegado a esa unidad, no podía dejar de sorprenderse ante el aspecto que tenían estas tropas, compuestas en su mayoría de recios vascos y navarros.


Con motivo de cumplirse el año al mando de los de Lácar, el comandante Luciano García mandó celebrar una comida extraordinaria, pese a estar tan cerca del enemigo, y antes del reparto del rancho, reunió a sus hombres y leyó la siguiente alocución:


"Valientes oficiales, heroicos requetés: Hace un año que nuestro valiosísimo García Valiño me hizo la distinción de darme vuestro mando, diciéndome estas palabras: "Son unos soldados formidables"; hoy le he puesto un telegrama de saludo y agradecimiento en vuestro nombre y en el mío, pues sois inigualables y es muy fácil el mando si se tiene un cuadro de oficiales como el mío y unos requetés como vosotros.


Durante este año, todos juntos hemos escrito páginas brillantes en esta Santa Cruzada. Las Peñas de Mazuco, el Benzúa, el Guadalope, la Ermita de San Antonio, la cota 1.725, son nombres gloriosos que irán engalanados en los laureles (...).


Soy incondicional de nuestro Generalísimo Franco, que es España; tengo una fe ciega en él y la firme convicción de que con su trabajo y con su inteligencia nos llevará pronto a la victoria final; mientras tanto, os pido que sigáis siendo como hasta ahora, tan sufridos, tan valientes, y si alguna vez dudáis, acordaos que sois del Tercio de Lácar, de los que "arrastran el capote", y ya veréis como pronto recuperáis vuestros ánimos y tenéis el ímpetu y la acometividad que este año ha tenido nuestro glorioso Lácar, esa heroica locura que ninguna infantería del mundo puede igualar.


Con un ¡Viva España! y ¡Viva Franco! os abraza fuertemente a todos, oficiales y requetés, y está orgullosísimo de mandaros, vuestro comandante.


Luciano García Sánchez."


Poco a poco van las tropas nacionales tomando un punto tras otro de la sierra, siempre bajo un intercambio del fuego de la artillería y con grandes precauciones, dado lo abrupto del terreno. El día 9, se encuentran frente a la cota 850. A las 9 de la mañana, llama el comandante Luciano García a los oficiales a fin de preparar la estrategia del asalto.


Se encontraba esta cota en una loma alargada, con dos montes muy pronunciados y muy parecidos, por lo que se les bautizó como "los dos tetones". Desde las posiciones nacionales hasta las republicanas, bien situadas en lo alto de los dos montes, mediaban 600 metros, todo ello con una pronunciada cuesta.


Tras ver la mejor forma de llevar a cabo el ataque, termina el comandante García diciéndoles a sus oficiales: "Terminad lo antes posible, porque este objetivo lo teníamos que haber conquistado ayer y con él terminar la actuación, de momento, de Lácar; así que quiero pronto comunicar al mando que hemos cumplido la misión"


Se iniciaron las operaciones con un bombardeo artillero y tras este, otro por parte de la aviación nacional. Acabado este, saltan los de Lácar cuesta arriba, hacia los dos tetones. Pero los republicanos responden con tal cantidad de fuego sobre sus posiciones, que se decide por los franquistas intentar el asalto por el costado derecho. Es inútil. No hay forma de asomar la cabeza y empiezan a caer los primeros heridos. A las 14,30, tras bombardear de nuevo la aviación, se intenta un nuevo asalto y otra vez los requetés son barridos por el fuego republicano.


A primera hora de la tarde, ante el fracaso y viendo que sus tropas chocaban con un enemigo bien aposentado, que devolvía una y otra vez las acometidas carlistas, el comandante jefe, Luciano García, decide ponerse él mismo al mando de sus hombres, se adelanta a la posición de salida y se lanza al frente de sus requetés hacia las dos montañas. Le recibe un nutrido fuego, y tras varios pasos, recibe un tiro en el vientre y cae herido de muerte.


Inmediatamente su enlace, Nicanor Pérez de Obanos, se lanza hacia él para auxiliarle, pero, un balazo en el corazón unirá en el mismo trágico destino a oficial y subalterno. Otros seis requetés acompañarán en tan luctuoso viaje al comandante y al enlace. Luciano García tenía 40 años de edad.


4. Unión de destinos en la Cota 850.


Nuevos intentos se realizarían el día 10 para tomar la cota 850 y todas fracasarían. Ante este panorama, el mando nacional ordena atrincherarse en sus posiciones y pasar a la defensiva. Las tropas se encontraban desmoralizadas y diezmadas, con gran número de bajas. Además habían perdido a su comandante. Los republicanos, sabedores de esto, aprovechan para tantear el terreno y, finalmente, se lanzan al contraataque el 14 de madrugada, conteniendo a duras penas los nacionales sus posiciones. Ante la disyuntiva de retirarse o iniciar a su vez un avance con todas las fuerzas disponibles, el mando franquista ordena esto último y el 16 da comienzo la operación, y de nuevo se intenta tomar la cota 850, y otra vez la resistencia republicana rechaza el ataque, llegándose al cuerpo a cuerpo en una de las dos montañas, ocupándola por fin. Al día siguiente son los republicanos los que intentan tomarla, pero la 5ª Bandera de la Legión y el 2º Batallón de San Marcial desalojan a estos. Así se suceden los días, con constantes ataques y contraataques, y sin que nadie ceda un palmo de terreno.


Tras conocer la muerte de su hermano, el capitán Mariano García Sánchez, pide ser trasladado a la misma unidad que dirigía Luciano. Su petición es aceptada, y el mismo día 10 de julio se incorpora al Tercio de Lácar. Este se había retirado a posiciones de partida, y queda de reserva en Sueras, un pueblecito de la sierra.


El 24 de julio se intenta maniobrar de manera que se acabe por fin con la resistencia en la sierra, pero, un acontecimiento inesperado da al traste con esta idea: el ejército republicano acaba de cruzar el río Ebro, dando comienzo a la batalla más famosa de la guerra civil.


Así pues, los nacionales se atrincheran en el Espadán, a la espera del momento oportuno para seguir avanzando. De esta forma se pasaran los días, rotos por pequeñas escaramuzas o por intentos de uno y otro lado de infiltrarse en las líneas. El 10 de agosto, queda el tercio sobre los "dos tetones", que ya habían pasado a formar parte de su historia. En la medianoche del 12 se intenta el asalto por los republicanos y son rechazados. Sigue durante los días siguientes el intercambio artillero entre unos y otros.


Llega el día 18, el fuego de la artillería sigue machacando las posiciones, añadida a este el fuego de mortero. A las 14,30, el fuego artillero es especialmente duro en la cota 850. A las 15 horas, los republicanos se lanzan al asalto de las posiciones nacionales, llegan a las alambradas y saltan al parapeto. El combate es violentísimo, luchándose cuerpo a cuerpo, pero finalmente son rechazados por los de Lácar. Sin embargo, tras el ataque apenas quedan defensores vivos. Inmediatamente se mandan refuerzos a esta posición, donde el capitán Mariano García Sánchez aguanta con sus pocos hombres. Del Tercio de Montejurra llegan tres secciones, justo en el momento en el que los republicanos intentan un nuevo asalto. Mariano García ordena que no se dispare hasta que se encuentren en las alambradas de la posición. Al llegar a este punto, los reciben con granadas de mano y nutrido fuego de fusilería. En el fragor del combate, el capitán García Sánchez es herido de metralla. Sin abandonar su puesto, sigue arengando a los suyos, pero, un tiro en la frente acaba con la resistencia de éste. Tenía 38 años, y sólo hacía 39 días que había muerto su hermano frente a esta misma posición.


5. Aura y relego de dos muertos.


Para la España nacional, estos hechos no pasaron desapercibidos. El Comandante Luciano García Sánchez, fue recompensado, a título póstumo, de nuevo con la Medalla Militar Individual (la segunda que recibía). El teniente coronel Julio Pérez Sálas, jefe de la 4ª Agrupación, redactó un informe el 21 de julio, para que le fuera concedida la Medalla Militar Colectiva al Tercio de Lácar por la acción del 10 de julio. "Se han puesto de manifiesto las grandes virtudes militares de estos heroicos Tercios: el valor, la abnegación y el sacrificio; han luchado con gran entusiasmo, y a pesar del gran numero de bajas sufridas, la moral de estas tropas después de los duros combates era elevadísima", escribiría en su informe. Efectivamente, dicha medalla sería concedida, y, por lo tanto, ambos hermanos estaban englobados dentro de la Medalla Militar Colectiva que recibió el Tercio de Lácar en conjunto por su actuación y otra igual con la que fue recompensado la IV Brigada de Navarra. Es decir, que Luciano García presentaba en su historial 2 medallas individuales y 2 colectivas, y Mariano, y 2 colectivas. Un historial que no tenía todo el mundo.


La historia posterior ya se puede imaginar. Tras terminar la guerra, se decidió que se erigiese un monumento para honrar la memoria de estos dos hermanos, en el mismo sitio donde habían caído. Años más tarde, fue destruido por una chispa eléctrica causada por una tormenta, aunque con posterioridad se proyectó la reconstrucción del mismo, sufragada por el Gobierno Civil de Castellón.


¿Entonces, ellos eran de Mazarrón?


Los dos eran mazarroneros. Sus padres eran Miguel García Navarro, médico cirujano, natural de esta villa, donde nació y vivió toda su vida, y su madre, Felisa Sánchez Arco. Ella era natural de Cavite (Filipinas) y había vuelto a Mazarrón a raíz del desastre del 98. En Filipinas habían nacido su hija Josefa, en Cebú, Maria Gloria, en Embolinao y Luciano, que nació en Zagbilarán Bohol el 5 de mayo de 1898, cuatro días después del desastre de Cavite. Mariano vino al mundo el día de nochebuena de 1899, ya en Mazarrón. A principios de siglo, la residencia de sus padres estaba fijada en la Plaza de San Andrés, 11. Tras la guerra, encontramos su residencia en la calle que, precisamente, llevaba el nombre de sus hijos.


Muchos mazarroneros recordarán aún al médico D. Miguel García y a su esposa, al parecer, bastante agraciada físicamente. Además Miguel García, tenía un hermano que también era médico, llamado Luciano, y que llegaría a dirigir el Hospital Provincial de Valladolid.


¿Y quién les puso el nombre a la calle?


Al terminar la guerra civil, las nuevas autoridades franquistas decidieron que, teniendo noticias de que los hermanos García Sánchez habían muerto en el frente del Ebro, ( aunque como hemos visto, no fue allí, sino en el frente de Castellón), y para honrar la memoria de los mazarroneros fallecidos en la lucha ( los que lucharon con Franco, claro), se alzaría un monumento que recordase a los caídos, y que, en primer lugar, figurase el nombre del primer mártir de la cruzada, José Antonio Primo de Rivera, y a continuación de éste, siguieran los nombres de los dos hermanos. Se instauraría este monumento en la Plaza del Convento, que a partir de entonces, se denominaría Plaza de los Caídos. Más tarde se decidiría su instauración frente a la iglesia de San Antonio, en la actual Plaza del Ayuntamiento.


Con respecto a la calle, en la sesión celebrada el 21 de abril de 1939, dentro del baile de nombres que se realizó en el callejero, se decidió que la antigua calle de José Heredia, se pasara a denominar, de los Comandantes García Sánchez. (Otro error, pues uno si era comandante pero no así Mariano, que era capitán).


6. Una medalla para una Virgen.


Hasta aquí llega la narración de los hechos que vivieron los hermanos García Sánchez. Pero hay un cabo que queda por atar. Don Miguel García y su esposa e hijas, siguieron viviendo en Mazarrón. Don Miguel continuó atendiendo su consulta, en la calle Lardines, viviendo con el dolor de haber perdido dos hijos, y con el orgullo de ser el padre de dos héroes reconocidos. Doña Felisa Sánchez, como muestra de su sentimiento religioso, entregó una de las medallas individuales que habían ganado sus hijos a la imagen de la Purísima que se veneraba en la Iglesia, para que esta la luciera en su manto.


Con el paso de los años, aquella medalla cambió de ubicación, y hoy se desconoce donde ha ido a parar. Tal vez se encuentre depositada en algún arcón, durmiendo el sueño de los justos


Hoy ya no existe ni el monumento de la plaza, ni la placa de la calle, y solo queda, un triste monolito, olvidado de todos, perdido en la Sierra de Espadán, evocando a unos muertos que nadie recuerda, frente a la cota 850.


Bibliografía:

 Anuario Militar de 1936. Estado Mayor Central del Ejército de Tierra.

 Archivo Municipal de Mazarrón.

 Carlos Engel, "Historia de las divisiones del Ejército Nacional". Ediciones Almena.Madrid.2000

 R. Casas de la Vega: "Las Milicias Nacionales".

 Julio Arostegui. "Los combatientes carlistas en la Guerra Civil Española (1936 1939).Madrid. Fundación Luis Hernando de Larramendi.1991.2Volúmenes

 Carmelo Revilla Cebrecos, "Tercio de Lácar". Madrid. Gregorio del Toro.1975.

 Gracias a Domingo Blasco, Bartolomé Blaya, Salvador Campillo y Cristóbal Hernández, que me han ayudado a realizar este artículo.



Publicado en RETAHÍLA, Revista de Estudios de Mazarrón, nº3, Mazarrón, 2002.