Miles de republicanos españoles fueron exterminados en los


CASTELLONENSES MUERTOS EN LOS CAMPOS NAZIS DE EXTERMINIO

Como introducción a la relación de castellonenses muertos en los campos nazis de exterminio, durante la Segunda Guerra Mundial, incluímos un artículo escrito por S. Monsalud, que resume la trayectoria seguida por los exilados republicanos al final de la Guerra Civil. El tiempo transcurrido desde la publicación del citado artículo no ha desvalorizado su contenido.



Miles de republicanos españoles fueron exterminados en los campos nazis

S. Monsalud

(Publicado en Hechos y Dichos, nº 457, diciembre 1974)



El fenómeno emigratorio español que comenzó de forma masiva a finales de la década de los años cincuenta, confrontó a nuestros compatriotas con un numeroso grupo de españoles, algunos nacionalizados franceses, alemanes, o austríacos, ya asentados en los países europeos. Siendo los nuevos emigrantes en su mayoría jóvenes, niños durante la guerra civil y educados por el régimen gobernante desde abril de 1939, desconocían casi totalmente la existencia de los exiliados españoles, así como su camino recorrido en esas décadas.

En España mismo, la tupida censura oficial toleraba apenas alusiones veladas hacia los españoles transpirenaicos, si no era para calificarles de bandas incontroladas de asesinos marxistas, o con adjetivos parecidos no menos altisonantes.

Tras el giro tomado por la prensa en general a finales de los años sesenta, hubo un diario madrileño en el que dos periodistas, con la publicación de varios artículos, levantaron el velo que cubría este período de nuestra historia contemporánea. En el año 1970, uno de estos periodistas publicó un trabajo más extenso y centrado sobre los campos de concentración, que, a pesar de su indudable valor por incluir narraciones inéditas, no llegó a la masa de lectores.

Algunas editoriales, preocupadas por el tema o quizás adivinando el interés que se despertaría años después, habían sacado a la venta en este período los primeros libros sobre el tema, alguno escrito por los mismos protagonistas, pero que también fueron conocidos solamente por una minoría.

Sin embargo, en la actualidad, apenas a un lustro de las primeras publicaciones, el ambiente ha cambiado totalmente, la odisea de nuestros exiliados es de dominio general y al menos una veintena de libros se ofrecen al lector interesado, abarcando todos los escenarios por los que han pasado: éxodo al final de la guerra civil, campos de concentración franceses, segunda guerra mundial, “maquis” y, por último los campos de deportación alemanes. En la última Feria del Libro, a esta larga lista de autores y títulos ya existentes, se han sumado otros nuevos, presentando aspectos hasta ahora inéditos o tratados de forma accidental, como las cadenas de evasión organizadas en la zona pirenaica para salvar a las personas buscadas por la Gestapo en la Europa ocupada por el nazismo.

Además habría que añadir los libros y boletines que, editados en Francia y Austria por las Asociaciones de Antiguos Deportados, son relativamente de fácil adquisición en la Península.

Sin embargo, aún falta el que, profundizando en todo lo ocurrido a este millón y pico de exiliados, narre cronológicamente y de forma documentada este período 1939-1945, que, ni que decir tiene, será necesario para la comprensión de las generaciones venideras que deseen analizar el parón socio-cultural-económico que representó para España la guerra civil y la posterior emigración que se produjo.

El comienzo de todo

Iniciando unos ligeros apuntes al respecto y partiendo de septiembre del 1939, podemos ver que, al ser invadida Polonia por los ejércitos alemanes y ser declarada la guerra entre Francia y el Eje, el Gobierno francés encontró la solución al problema ocasionado por los cientos de miles de republicanos españoles refugiados en su territorio. Así les ofreció a éstos elegir entre el regreso a España, gobernada por Franco, o el enrolamiento voluntario en el ejército francés y en compañías de trabajo.

Muchos, al resultarles la primera solución inaceptable, veían en la segunda la posibilidad de proseguir la lucha contra el fascismo, asociando sus ideales políticos a la figura de la República que les había acogido aunque de forma obligada y con multitud de vejaciones. De esta manera tomaron nuevamente las armas y las herramientas y partieron a luchar en defensa de su nuevo país.

Muchos de ellos, que habían sido afectados a compañías de trabajo y destinados a la Línea Maginot para reforzar fortificaciones, fueron abandonados a su suerte ante la penetración de las columnas blindadas alemanas por la retaguardia francesa. Algunos, llegados por sus medios hasta la frontera suiza, fueron hechos prisioneros por los germanos que, con su rápido avance, la habían alcanzado con anterioridad. Otros que lograron entrar en Suiza, junto con sus mandos franceses, fueron encerrados en trenes bajo promesa de las autoridades helvéticas de conducirles a un punto en el interior del país donde se estaba reagrupando a los fugitivos, aunque en realidad fueron entregados al ejército alemán en la frontera de ambos países.

En cuanto a los combatientes propiamente dichos, sin caer en el chauvinismo, se puede asegurar que los españoles fueron coprotagonistas en todos los escenarios de la guerra de Europa y Africa, así como en Oriente Medio. Su destacada presencia en la acción de Narvik, en Noruega, en el cuerpo expedicionario francés a Siria y en El Alamein, entre otras más, ha quedado registrada en las crónicas militares de aquel momento. Aunque, quizás, la más conocida hazaña sea la del grupo que, al mando del por entonces coronel Leclerc, atravesó miles de kilómetros de desierto desde la región del Tchad para unirse a las fuerzas de la Francia Libre, al mando del general De Gaulle. Este grupo fue el núcleo primitivo de legendaria IX Compañía de la 2ª División Blindada, también llamada de los Cosacos y primeramente perteneciente al III Batallón del Regimiento de Marcha del Tchad, y que tuvo el honor de entrar en primer lugar en el sublevado París colaborando con la F.T.P.F.-Franc-Tireurs et Partisans Français-, entre las que también se encontraban españoles enrolados, y cuyos combates finalizaron con la rendición alemana y la total liberación de la ciudad en agosto de 1944. A un extremeño, llamado Antonio Gutiérrez, le cupo la satisfacción de recibir la rendición del general Von Choltitz, comandante alemán del Gran París.

Un escenario guerrero en el que la presencia española no ha sido muy aireada, tal vez por las razones que ahora veremos, fue el reembarque de Dunquerque. Aquí, en número considerable, nuestros compatriotas prefirieron morir con las armas en la mano a rendirse y ser ejecutados sumariamente por los alemanes que los consideraban francotiradores y no fuerzas combatientes sujetas a las Convención de Ginebra. Por parte anglo-francesa, tampoco se les proporcionó mejor suerte y les fueron regateados no sólo auxilios sanitarios a los heridos, sino además un lugar en los barcos que regresaban a las Islas Británicas. Quizás aquí se diera un anticipación de lo que sería la suerte de los “españoles rojos”, los cuales, aún después de finalizar la guerra, siguieron siendo mirados con desconfianza por los gobiernos vencedores, a pesar de la colaboración que habían, indudablemente, prestado en todos los campos.

La acción de los españoles

Tras el armisticio de 1940 y la división de Francia en dos zonas, una de ocupación y la otra colaboracionista con capital en Vichy, en la zona fronteriza franco-española se inició una enorme actividad de resistencia al invasor por parte de los republicanos españoles allí asentados. De esta manera se formaron grupos de partisanos que se distinguieron con sus acciones, alcanzando algunos de sus jefes las máximas condecoraciones de la Francia Libre. Entre estos jefes de “maquis”, Cristino García fue el que quizás alcanzó mayor notoriedad por la acción llevaba a cabo contra la Prisión Central de Nimes, que terminó con la liberación de algunos destacados detenidos. Al terminar la guerra europea, el mismo Cristino penetró con otros compatriotas en España para reorganizar la resistencia armada contra el gobierno de Madrid; fue detenido, juzgado como terrorista y fusilado en 1946. Un año después le fue concedido, a título póstumo, una de las más preciadas condecoraciones francesas: la Gran Cruz con Estrella de Plata, en reconocimiento a su labor por la liberación de Francia.

En otras regiones francesas los españoles se incorporaron a los “maquis” franceses y combatieron a las fuerzas del Eje en acciones tan conocidas como la batalla del Altiplano de Gliéres en la Alta Saboya, o las realizadas en la región de Bretaña, o en la anteriormente citada sublevación de París. De la actividad partisana puede decirse que, al igual que ocurrió entre los militares regulares, no hubo departamento francés metropolitano en el que no se diera la presencia de algún español; aunque su zona de mayor acción, por razones obvias, fue la mitad sur del país.

Por medio de los españoles que trabajaban en los bosque pirenaicos se montó una red de evacuaciones para las personas perseguidas en Europa. Gracias a ella se les introducía clandestinamente en España y a través de los contactos preparados se les hacía llegar hasta Portugal. El cerebro de la organización era un catalán, antiguo miembro de la Generalitat de Catalunya; el centro de operaciones era el Principado de Andorra.

Nuestros compatriotas hechos prisioneros en los primeros meses del conflicto armado fueron enviados a campos de prisioneros de guerra, siendo tratados como tales, hasta que órdenes instigadas por grupos, según los datos que en la actualidad se poseen, interesados en la desaparición de estos molestos y politizados españoles, lograron que fueran transferidos a los campos de concentración, léase de exterminio, que bajo la tutela de las SS existían en el momento. Posteriormente, los capturados por actividades en la Resistencia o en las periódicas redadas organizadas por la Gestapo tuvieron el mismo destino.

Destino: el campo de concentración de Mauthausen

De esta manera, nuestros compatriotas exiliados comenzaron el calvario que les haría conocer los campos distribuidos por toda Europa, desde la isla de Aurigny, frente a las costas normandas; a los de Centroeuropa, Dachau, Flossenburg, Oranienburg, Ravensbrück, Buchenwald y Mauthausen, hasta los del desierto norteafricano, Djelfa y Djenien-Bourerezg, entre otros. En todos ellos fueron víctimas de crueldades y vejaciones que acabaron con la vida de más de 10.000 individuos y los supervivientes dejaron su salud física y mental ante los horrores de que fueron protagonistas.

Según todos los datos, el campo donde mayor concentración de españoles se dio fue en Mauthausen. Las cifras oficiales señalan 6.502 víctimas, aunque dicha cantidad no es muy fidedigna, ya que los presos llegados y fallecidos en el día no eran registrados; asimismo, hay números de registro que han pertenecido sucesivamente a varios detenidos según iban falleciendo. Algunos internados hablan de 10.000 desaparecidos sólo en este campo y sus comandos exteriores, pero la cifra real será prácticamente imposible de conocer, a pesar de que los registros de matriculación fueron ocultados, para impedir que fueran destruidos, por un austríaco, detenido político, Hans Marsálek encargado de este servicio en la administración del campo.



Este lugar de internamiento fue abierto en 1938, con presos comunes alemanes y austriacos, para la explotación de la cantera cercana, adquirida por las SS, y cuyo nombre adoptado fue “Wiener Graber”, encuadrada en la empresa, también de las SS, “Deutsche Erd und Steinwerke GmbH”. Estos primeros presos provenían del campo de Dachau, que había sido creado en 1933, apenas unos meses después del advenimiento del nacionalsocialismo. La cantera de Mauthausen era ya conocida en toda Austria por haber suministrado gran parte del empedrado de varias de sus más importantes ciudades, y entre los proyectos de Hitler figuraba la reconstrucción de la cercana Linz/Donau con el material y la mano de obra que en el campo se encontraba sin limitación alguna.



Una de las primeras obras de los españoles fue la construcción de la escalera que desciende del campo central a la cantera, totalmente construida en piedra. Fue llamada por nuestros compatriotas “la escalera de la muerte” a causa de las decenas de deportados que diariamente perecieron en ella, al ser obligados a subir 186 peldaños a paso ligero transportando sobre los hombros una piedra de alrededor de 50 kilos, sin ninguna consideración por parte de los guardianes a las condiciones físicas de los presos. El que desfallecía durante la subida era rematado en los mismos peldaños.

El primer convoy de deportados españoles llegó el día 8 de agosto de 1940, según consta en el registro del campo. En él figuraban, además de hombres, un numeroso grupo de mujeres y niños que fueron nuevamente cargados en vagones y partieron con rumbo desconocido, sin que nunca más se supiese lo que les ocurrió. Posteriormente, el primer deportado por actividades en la Resistencia fue Felipe Martínez, procedente de Burdeos, que llegó al campo en abril de 1942.

El grupo español, homogéneo y fuerte

Entre los sucesivos grupos que fueron llegando al campo había un considerable número de jóvenes, menores de dieciséis años. Estos adolescentes, asediados con innumerables ofertas por parte de los homosexuales para avenir a sus deseos, fueron, tras un laboriosa gestión desempeñada por los españoles que ocupaban puestos importantes, organizados en el llamado “grupo Poschacher” que trabajaba en el exterior del recinto penitenciario, alquilado a los campesinos como ayuda para las labores agrícolas.



En los años de internamiento se fueron superando las diferencias ideológicas entre los deportados, y el grupo español comenzó a ser uno de los más homogéneos y fuertes. Desarrollaba una gran labor solidaria tanto moral, con conciertos de una rondalla y actividades deportivas –encaminadas a debilitar los diarios intentos de las SS de eliminar psíquicamente a los detenidos-, como de ayuda física a los heridos y enfermos, a los se cedían los puestos de trabajo menos penosos. Uno de los jefes alemanes encargado de los servicios de seguridad del campo, llamado Bachmayer, causante de las primeras matanzas organizadas contra nuestros compatriotas, con el transcurso de los años trocó su fobia en admiración y permitió que muchos accedieran a puestos de responsabilidad en el campo, con la consiguiente mejora que éstos procuraron al resto de los internados.

Gracias a esta unión y formulación de objetivos comunes, los españoles fueron unos de los promotores del “Aparato Militar Internacional”, que, basándose en unas medidas preventivas y en colaboración con los otros grupos étnicos, planeó la sublevación del campo central en caso de que los guardianes SS intentaran hacer desaparecer a los prisioneros ante el cariz que estaba tomando la guerra para las armas del Eje.



Este “Aparato Militar Internacional”, tras convencer a los policías de Viena, a quienes los SS habían transmitido la custodia ante el avance de rusos y americanos, en la noche del 4 al 5 de mayo se apoderó de las armas abandonadas por los alemanes para defenderse hasta la llegada del ejército americano. En la mañana del día 5, una sección blindada que se había adelantado en descubierta llegó ante el campo, retirándose al anochecer. El grueso de la 102 División americana que se encontraba en Linz/Donau, liberaron definitivamente el campo el 7 de mayo; entre ambas fechas los deportados armados habían tenido que hacer frente a fuerzas SS, cuyos ataques fueron en algunas ocasiones tan fuertes que se llegó a pensar en volar el puente del pueblo sobre el Danubio, último existente entre Linz y Krems, y, por lo tanto, muy valioso tácticamente. Un nuevo avance ruso, por una parte, y la llegada de los americanos, por otra, hizo retirarse a las fuerzas alemanas. En estos combates se registraron nuevas víctimas, entre ellos un español, Juan Bisbal.

Enumerar los compatriotas destacados es labor más propia de un largo trabajo que de estos apuntes. Sin embargo, hay un figura que emerge por su intrepidez, se llamaba Francisco Boix, fallecido en 1952; empleado en el laboratorio fotográfico de las SS, robó numerosos negativos y fotos que sirvieron luego para incriminar a algunos destacados nazis como Kaltenbrunner, durante el proceso de Nuremberg, en el cual el mismo figuró como testigo español de la acusación. Junto con otro compatriota, Antonio García, captó fotográficamente los últimos momentos de cautividad y la liberación del campo central, los combates en el pueblo de Mauthausen y la declaración de Standartenführer Ziereis, jefe del campo, capturado y gravemente herido por un cabo del ejercito americano, de origen cubano, al intentar huir.



El primitivo campo para la explotación de la cantera fue sólo la célula que, reproduciéndose, llegaría a contar con 45 comandos dependientes de él, extendidos por toda Austria y dedicados a un sin fin de actividades, como trabajos en las propiedades de las SS, en otras canteras como Gusen, en construcción de cuarteles, presas, fábricas de armamento, falsificación de moneda, etc., sin olvidar las experiencias pseudomédicas realizadas en los castillos de Hartheim, llamado por los españoles “el castillo de irás y no volverás”, y Mittersill, además de los Institutos de Medicina SS de Schönbrunn-Wien y Graz.

En total, estos 45 centros de exterminación llegaron a albergar 206.000 personas, de las que más de 110.000 se quedaron para siempre entre los muros de piedra y las alambradas eléctricas, víctimas de la barbarie nazi. Este asesinato colectivo fue legalizado con el decreto de R. Heydrich, jefe de la Policía de Seguridad, el 1 de enero de 1941, cuando clasificó el campo de Mauthausen en la “categoría III”: “Para los incorregibles que han cometido delitos graves y que han sido castigados por delitos criminales, y también para los elementos asociales; es decir, para los detenidos que no pueden ser reeducados …”. Este escrito se conserva en el museo que ha sido construido en el campo central, vitrina núm. 14.

Tras la liberación siguió el cautiverio

Pero con la liberación no acabó el cautiverio de nuestros compatriotas, sino que, mientras todos los grupos nacionales era repatriados, los españoles, considerados como “apátridas”, continuaban su estancia en el campo, a pesar de la actividad desplegada por algunos franceses para conseguir su liberación y traslado a Francia, instancias que eran denegadas por las autoridades norteamericanas.

A mediados de mayo de 1945 se formó una delegación que se trasladó a la zona soviética de ocupación en Austria, cuyo puesto de mando se encontraba en la ciudad de Krems. Tras no pocas vicisitudes, lograron entrevistarse con el jefe de las fuerzas soviéticas, a quien expusieron la situación de los españoles republicanos y el deseo de que sus peticiones llegaran a los dirigentes españoles exiliados en la URSS. Después de una larga discusión en la que el general ruso trató de eludir el asunto se acordó que, en caso de no ser repatriados hacia Francia en el plazo de cuarenta y ocho horas, se pondría en conocimiento del Gobierno soviético y se procederían al traslado de los supervivientes españoles rumbo a Odessa. Estos mismos compatriotas delegados a Krems pudieron ver personalmente al terminar la entrevista cómo eran tratados los antiguos prisioneros rusos del campo: eran conducidos rumbo a la Unión Soviética pero con la misma vigilancia que en los meses anteriores; solamente habían cambiado de guardianes.

Antes de terminar el plazo acordado, nuestros compatriotas recibieron la autorización para regresar a Francia; para ello nuevamente tuvieron que ser superadas las negativas del Gobierno suizo a permitir su paso a través del país. Finalmente, les fue dado el permiso, pero para evitar cualquier contacto entre la población suiza y los “españoles rojos”, colocaron centinelas en los vagones y, además, las autoridades suizas prohibieron el acceso a los civiles en las estaciones del recorrido. No obstante en Basilea, donde la prohibición no fue dada, nuestros compatriotas fueron recibidos jubilosamente y agasajados con innumerables regalos de los ciudadanos suizos.

Muchos de los que salieron en 1939 de nuestro país no han podido todavía volver a su tierra natal; el exilio se les ha convertido en un nuevo cautiverio. Otros muchos, para poder acompañar en los últimos momentos a sus familiares más íntimos han necesitado nacionalizarse en el país de residencia. Quizás fuera ya tiempo de que la herida abierta por la guerra civil se cerrara. Pero todavía, desgraciadamente, hay quien parece satisfacer su ego o los intereses que le respaldan declarando que estos treinta años no han pasado y la conflagración sigue su curso.

… a los españoles republicanos muertos en Mauthausen

Sobre nuestro exiliados y deportados en los campos de concentración alemanes se ha escrito mucho y se escribirá aún más y más profundamente. Con todo, hay una frase escrita en la pared de la sala de honor del campo de Mauthausen, flanqueada por la bandera tricolor, que resume el sacrificio, el dolor y los valores de estos miles de españoles caídos por un mundo mejor: “Te di a luz, oh hijo mío! Fuiste fiel y justo luchador de la libertad. Cuánto te lloro… A los españoles republicanos muertos en Mauthausen”.

Cada año, a principios de mayo, en la conmemoración de la liberación del campo central, se reúnen los antiguos deportados para rendir homenaje a sus muertos. Es curioso ese día ver confraternizar, olvidando políticas nacionales, a gentes de uno y otro lado del llamado “telón de acero”. A pesar de los años y de los intereses nacionales, no han olvidado que la supervivencia de unos pocos sólo fue posible con la solidaridad internacional de muchos.

Los curiosos que acuden a lo largo del año a visitar el campo y sus dependencias, pueden contemplar en un museo, que se abrió en 1970, las maquetas del campo de exterminio, los dibujos de los deportados, sus ropas y herramientas, y una valiosa colección de documentos originales recopilados tras varios años de búsqueda por toda Europa.

Para terminar, a modo de trágica anécdota, podría contarse el caso del actual guardián del campo, un republicano español de los allí internados, que al preguntarle yo cómo es que se había quedado a vivir donde tanto había sufrido, me contestó: “¿Y a dónde podía haberme ido…?”.



BIBLIOGRAFIA



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CASTELLONENSES MUERTOS EN LOS CAMPOS DE EXTERMINIO



APELLIDOS

NOMBRE

LUGAR DE NACIMIENTO

MUERTE

CAMPO

Adsuara Segarra

Vicente

Almazora

17-VI-1942

Gusen

Aguilar Bru

Pelegrin

Alfondeguilla

7-IX-1941

Mauthaussen

Agustí Bomboi

José

Almazora

29-XI-1941

Gusen

Aicart Pruñonosa

Augusto

Sta. Magdalena de Pulpis

11-XII-1941

Gusen

Albert Falcó

José

Albocàsser

14-XI-1941

Gusen

Aliaga Flor

José

Viver

23-VI-1941

Gusen

Amat Guiberasu

José

Nules

9-XI-1941

Mauthaussen

Anglés Vilanova

Estanislao

Cálig

27-VIII-1941

Gusen

Añó Juan

Mariano

Alcalá de Xivert

1-I-1942

Gusen

Avila Arnau

Manuel

Alcalá de Xivert

23-XII-1941

Gusen

Ballester Gómez

José

Eslida

16-X-1942

Dacha

Barrachina Martí

Ramón

Burriana

30-XII-1943

Trunb

Barreda Font

Juan

Sierra Engarcerán

14-XI-1941

Gusen

Bas Soler

Juan

La Jana

11-XI-1941

Gusen

Batalla Paul

Manuel

Castellón de la Plana

22-XII-1941

Gusen

Bellés Bellés

José

Culla

20-IX-1941

Gusen

Bellés Beltrán

Manuel

Morella

20-XI-1941

Gusen

Bellés Escrig

José

Atzeneta del Maestrat

30-IX-1941

Gusen

Benet Vives

Francisco

Vallibona

24-XI-1941

Gusen

Bondi Breva

Juan

Castellón de la Plana

24-VII-1941

Gusen

Bondi Rives

Manuel

Castellón de la Plana

25-IX-1941

Gusen

Bonet Bonet

Manuel

Ortells

13-XI-1941

Gusen

Bonet Navarro

José

Montanejos

20-XII-1941

Gusen

Breva Gil

Tomás

Castellón de la Plana

19-XI-1941

Gusen

Calpe Vidal

José

Borriol

24-IX-1941

Gusen

Calvet Febrer

José

Benicarló

15-I-1942

Gusen

Carceller Albalat

Pablo

Albocàsser

26-III-1941

Gusen

Castellet Jover

Pascual

Les Coves de Vinromà

29-X-1941

Gusen

Castellfort Ortells

Camilo

Culla

14-XII-1941

Gusen

Castells Roca

Ramón

Peñíscola

10-IV-1941

Gusen

Castillo Palanques

Vicente

Zucaina

6-XI-1941

Gusen

Catalá Martí

Vicente

Moncofa

5-XII-1941

Gusen

Centellas Guarch

Julián

Portell de Morella

7-XI-1941

Gusen

Centelles Ibáñez

Jaime

La Torre d´En Besora

31-X-1941

Gusen

Cubero Carda

Pedro

Villarreal

10-VII-1941

Gusen

Chiva García

Miguel

Useras

21-XII-1941

Gusen

Dobón Aguilella

Joaquín

Onda

23-XI-1941

Gusen

Falaguera Meseguer

José

Almazora

11-XI-1941

Gusen

Fas Ballester

Vicente

Burriana

30-XII-1941

Gusen

Ferrer Gasulla

Manuel

Morella

18-II-1943

Mauthaussen

Ferrer Cerveró

José

Alcublas

9-XII-1941

Gusen

Ferrer Salvadó

Vicente

L´Alcora

7-XII-1941

Gusen

Flors Pastor

Ramón

Castellón de la Plana

25-IX-1941

Gusen

Folch Gómez

Alejandro

Vistabella del Maestrazgo

19-X-1941

Gusen

Forner Sabater

Sebastián

Vinaròs

16-XII-1941

Gusen

Fuster Prats

Manuel

Villores

16-III-1942

Gusen

Galarza García

Joaquín

Alcalá de Xivert

7-XI-1941

Gusen

Gargallo Roca

Blas

La Jana

5-XI-1941

Gusen

Gascón Borrás

Julián

Cálig

23-IX-1941

Gusen

Gaya Martínez

José

Castellón de la Plana

10-IX-1941

Gusen

Gil Abella

Joaquín

Castell de Cabres

30-XI-1941

Gusen

Gil Arnau

Joaquín

Villarreal

2-XI-1941

Gusen

Guillem Comas

Francisco

Burriana

15-XI-1941

Gusen

Guinot Molines

José

Onda

29-XI-1941

Gusen

Herrero Pons

Vicente

L´Alcora

22-X-1941

Mauthaussen

Jovani Beltrán

Manuel

Chert

5-I-1942

Gusen

Juan Zaragoza

Arturo

Vinaròs

3-XI-1941

Gusen

Jura Naspla

Francisco

Castellón de la Plana

18-XII-1941

Gusen

Lucas Ripio

Francisco

Vinaròs

28-XI-1941

Gusen

Machordom Coll

Antonio

Benicarló

11-XI-1941

Gusen

Marín Marín

Ricardo

Sta. Magdalena de Pulpis

10-I-1942

Gusen

Martí Doménech

Pascual

Castellón de la Plana

7-XII-1941

Gusen

Martí López

Vicente

Burriana

29-XI-1941

Gusen

Martorell Calduch

José

Alcalá de Xivert

8-XI-1941

Gusen

Mas Catalán

Manuel

Cortes de Arenoso

9-I-1941

Gusen

Mir Sales

Vicente

Benicasim

6-I-1942

Gusen

Miralles Barberá

Tomás

Albocàsser

29-XI-1941

Gusen

Molina Balaguer

Ricardo

Sot de Ferrer

1940-1945

Mauthaussen

Moliner Prades

Sebastián

Ayódar

22-VII-1941

Gusen

Montañés Bellmunt

Angelino

Albocàsser

9-XII-1942

Steyr

Montañés Escrig

Vicente

Albocàsser

2-I-1942

Gusen

Montoliu Ribas

Antonio

Lucena del Cid

5-XI-1941

Gusen

Montoliu Segarra

Victoriano

Cabanes

14-X-1941

Gusen

Montroig Cuartero

Jesús

Castellón de la Plana

9-I-1942

Gusen

Mulet Reula

Vicente

Cabanes

5-II-1942

Gusen

Nebot Chacón

Agustín

Fuentes de Ayódar

16-X-1941

Gusen

Nuña Muria

Jaime

Azuébar

11-II-1942

Gusen

Orenga Branchadell

Juan

Castellón de la Plana

26-IX-1941

Gusen

Ortiz Meseguer

Marcelino

Vallibona

8-XII-1941

Gusen

Pallarés García

Juan

Costur

2-XI-1941

Gusen

Pastor Cubero

Ramón

Villarreal

9-XII-1941

Gusen

Peiró Esteban

Manuel

Montán

15-I-1945

Melk

Pérez Quesas

Joaquín

Caudiel

1-XII-1941

Gusen

Pérez Ribas

José

Useras

28-XI-1941

Mauthaussen

Peris Tormos

José

Castellón de la Plana

16-XII-1941

Mauthaussen

Piquer Barrachina

Ramón

Segorbe

10-VII-1942

Gusen

Ponz Berjal

José

Betxí

6-I-1942

Gusen

Portas Marín

Manuel

Villarreal

17-XII-1940

Mauthaussen

Quixal Monroig

Desconocido

Cálig

25-VIII-1941

Gusen

Ramelleira Codorniu

Antonio

Vinaròs

14-XI-1941

Gusen

Ramos Gálvez

Antonio

Chilches

24-XII-1941

Mauthaussen

Ramos Romero

Vicente

Castellón de la Plana

26-VIII-1942

Gusen

Ribas Miralles

Ramón

Les Coves de Vinromà

11-IV-1941

Gusen

Ripollés Burdeos

Vicente

Burriana

29-XII-1941

Steyr

Robres Monferrer

José

Vistabella del Maestrazgo

31-XII-1941

Gusen

Rodríguez Moreno

Vicente

Oropesa del Mar

10-IX-1941

Mauthaussen

Rodrigo Sancho

Tomás

Les Coves de Vinromà

30-XI-1941

Gusen

Romero Romero

Daniel

Gátova

31-VII-1942

Mauthaussen

Rovira Pitarch

Alfredo

Ares del Maestre

11-IX-1942

Mauthaussen

Rubio Mateo

Juan

Useras

27-IX-1942

Mauthaussen

Sangüesa Tena

Gravià

Benasal

18-I-1943

Mauthaussen

Saura Marcos

José

Burriana

1-X-1941

Gusen

Servis Pérez

Pascual

Ayódar

7-II-1944

Mauthaussen

Sierra Sánchez

Ricardo

Gátova

27-V-1943

Mauthaussen

Sos Navarro

Eleuterio

Castellón de la Plana

4-XII-1941

Gusen

Sospedra Herrera

Antonio

Alcalà de Xivert

10-I-1942

Gusen

Sospedra Lluch

Víctor

Sta. Magdalena de Pulpis

31-XII-1941

Gusen

Tena Nebot

Enrique

Lucena del Cid

1-X-1942

Mauthaussen

Vermut Salvo

Joaquín

Villarreal

18-XII-1941

Gusen

Villalba Villalba

Rafael

Fuente la Reina

16-IV-1942

Mauthaussen

Vivas Montoliu

Angel

Zucaina

22-IX-1941

Gusen